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CONTRA EL FRAUDE

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El gobierno británico está estudiando la viabilidad de un nuevo método para controlar el fraude de las personas que solicitan asistencia social, especialmente entre los que reclaman prestaciones por desempleo y ayudas para el alquiler de viviendas. Me confunde que un gobierno laborista persiga con tanto ahínco el fraude entre los más desfavorecidos, pero me sorprende mucho más el método con el que tiene previsto combatirlo.
El cerebro avispado de algún funcionario sin escrúpulos ha ideado un método que va a revolucionar la captura de pobres que no lo son. Se trata de aplicarles un detector de mentiras mientras son entrevistados por un asistente social. Así sabrán si dicen que están en el paro, pero hacen trabajillos en el mercado negro o si tienen dinero para tomarse una caña un domingo y no pasan el hambre que aparentan.
La verdad es que siento gran admiración por los seres humanos que se muestran capaces de cualquier método para salvar al Estado de una catástrofe económica. Desde que sé que persiguen al parado de larga duración que exagera lo que necesita para hacerse con unas cuantas libras con las que salir un día a tomarse un cerveza, me siento mejor.
Es importantísimo que el Estado combata el fraude, pero lo que habría que definir es exactamente cuál es el fraude que más interesa perseguir. Hay empresarios especuladores que en una sola operación desplazan hasta un paraíso fiscal millones de euros que escapan al control tributario. Estaría bien que con un detector de mentiras tuvieran que leer su declaración de hacienda ante un inspector de hacienda; seguro que eso repercutiría millonariamente en las arcas públicas.
Pero puestos a aprovechar la universalización de ciertos adelantos tecnológicos estaría bien utilizar el detector con nuestros políticos. Imaginemos por un momento que cada diputado, antes de entrar en el Congreso, tiene que instalarse en un brazo un detector de mentiras y tenerlo puesto hasta que salga.
Llevar ese aparato en un brazo conectado, y sin que sea mi intención generalizar, haría que algunos de nuestros parlamentarios aprendieran a mantener silencios y a discriminar con mucho cuidado. Les convertiría en seres más reflexivos y les inutilizaría la capacidad hablar de la realidad según lo que les interesa.
Ese instrumento en manos del pueblo sería un privilegiado mecanismo de control. Cuántos disgustos nos habríamos ahorrado si José María Aznar hubiera llevado el suyo durante los meses previos a la invasión de Irak, cuando hablaba de las armas de destrucción masiva como si las hubiera visto con sus propios ojos. O en los días en los que Miguel Ángel Moratinos aseguró que el Gobierno no tenía noticia de los vuelos de la CIA que llevaban presos a cárceles secretas, haciendo escala en aeropuertos patrios.
Podríamos inaugurar la era de la transparencia política, un avance en el ejercicio de la soberanía popular; habría llegado el momento de la detectocracia. Por cierto, si alguien decide llevar esta idea adelante que no se olvide de ponerles a los detectores de Acebes y Zaplana unas pilas especiales; aunque sean de larga duración se van a gastar pronto.
Publicado el 29 de agosto de 2007
13/09/2007 16:31 Autor: emiliosilva. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

DE BANDERAS Y MITOS

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Recientemente Manuel Fraga ha hecho unas declaraciones asegurando que no debíamos “repensar los valores esenciales de España”. Cuando oigo ese tipo de declaraciones trato de imaginarme a España como una sustancia química que tiene una fórmula estática, inalterable, pero no lo consigo.
La derecha posfranquista que representa Manuel Fraga habla a menudo de “la esencia de España”, como si hubiera algo de nuestra sociedad que fuera inmaculado. Según la definición de la Real Academia , la esencia es “aquello que constituye la naturaleza de las cosas, lo permanente e invariable de ellas”.
En una sociedad pocas son las cosas que permanecen invariables. Las declaraciones de Fraga representan perfectamente una actitud permanente en el Partido Popular, que consiste en el manejo de mitos en su cultura política. Si Cataluña aprueba un nuevo estatuto, que significa que tenga más competencias, el PP, en vez de decir que les parecen demasiadas, prefiere hacer uso de una simplificación y decir que se está rompiendo España. Si el Gobierno inicia un proceso para elaborar una ley de memoria histórica, los populares, en vez de decir si les parece que hay que reparar o no a las víctimas del franquismo, le acusan de estar rompiendo el espíritu de la Transición , como si la política fuera cosa de los espíritus.
Ahora parece que el Partido Popular está buscando una nueva cruzada de lo inalterable para movilizar a sus bases y simpatizantes, en la larga recta final hacia las elecciones generales. Después de haber convocado en medio año más manifestaciones que en toda su historia, los cerebros pensantes de la derecha, capitaneados hasta ahora por Mariano Rajoy, están buscando un nuevo ariete con el que arremeter los muros electorales que les separan del poder.
La campaña “Gobierno de España”, lanzada por los expertos de marketing del Palacio de la Moncloa para contrarrestar el daño electoral que puedan haber provocado los estatutos, ha despertado los celos de una derecha que ahora tiene el deseo de demostrar que su amor por España es infinito y que nadie la quiere más que ellos. Como respuesta, los populares inician una campaña en defensa de la bandera española.
Ahora va a resultar que el principal problema de los españoles es que en los balcones de algunos ayuntamientos no hondee la señera española. Y para ello se han parapetado detrás de la ley. Espero que su defensa de la Constitución se extienda más allá de la defensa de los deberes y algún día comiencen a trabajar en la defensa de los derechos. Les regalo un par de ideas: que exijan el cumplimiento de artículos como el 47, que dice que todos los ciudadanos tienen derecho a una vivienda digna y adecuada; o el 35, que afirma que todos los españoles tienen derecho al trabajo.
Es posible que todo el ruido mediático y callejero que produjo el PP durante el periodo de negociación con ETA tuviera el objetivo de ensordecer lo que ocurría en el juicio del 11M. Ahora se acerca la sentencia y alguno puede tener la tentación de correr un velo sobre ella con forma de bandera. Todo se andará.
Publicado el 12 de septiembre de 2007
13/09/2007 16:32 Autor: emiliosilva. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

¡QUÉ HERMOSA ES LA IGNORANCIA!

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La progresión de España en algunos indicadores sociales es sorprendente, y mucho más si los contrastamos a nivel internacional. Especialmente significativa es la diferencia que con respecto a otros países en algunas de sus condiciones de vida. La sociedad española ha conseguido el lugar que se merece en el panorama internacional. Y todo hace prever que si las tendencias económicas y políticas continúan como hasta ahora, seguirá siendo así.   
La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) presentó ayer en París su informe anual sobre educación. Hace doce meses que hablé de él, pero es que cuando he leído un resumen del mismo mi indignación se ha incrementado hasta límites que yo mismo desconocía. La parte del mismo d edi cada a nuestro país es para empezar a llorar y no parar de hacerlo hasta el fin del presente siglo.
Resulta que este país en el que escribo, que presume de ser la octava potencia económica mundial, que crece a un ritmo superior al de la m edi a europea, que multiplica el número de ciudadanos entre la lista de los más ricos del planeta, es uno de los “peor educados” de entre los 29 que forman parte del estudio de la OCDE.
Parece tremendamente desolador ver que somos uno de los países con el peor nivel de formación entre los jóvenes. Y no sirve de consuelo que las cifras macroeconómicas sean triunfales si lo que se está construyendo es un espejismo en el que la economía nos permite aparentar una formación de la que carecemos.
La cosa tiene sus razones. Algunas son históricas; venimos de un régimen dictatorial que tenía como principal objetivo educacional la formación del “espíritu nacional” y buscaba la producción y reproducción de adeptos y no la de potenciar los intelectos. Y como las cosas se heredan, pues en esas estamos todavía.
La inversión española en educación, el año pasado, fue del 4,7% del Producto Interior Bruto. La m edi a europea fue del 5,8. Aunque manejando esos porcentajes parece pequeño, lo que representan es que España invierte un 25% menos en educación. Hablamos de muchos millones de euros que deberían invertirse en mejorar las instalaciones, re-formar al profesorado y fomentar la integración para que todos los alumnos tengan oportunidades.
Si los políticos a los que les pagamos el sueldo se tomaran en serio su trabajo, se encerrarían inm edi atamente en el Congreso de los Diputados y no saldrían hasta encontrar una solución a ese gravísimo problema. Eso deberían hacer si fueran responsables, a no ser que prefieran ejercer sus funciones en un país con un bajísimo nivel de formación, para que los ciudadanos les controlen menos y no tengan un espíritu crítico “bien amueblado”.  
La mejor inversión que puede hacer un país es la educativa, porque permite a los ciudadanos ser más conscientes del mundo que les rodea y darles la posibilidad de realizarse, de estar más satisfechos con su vida y defenderse de los abusos. No ejercer esa prioridad es condenarnos a p edi r la vez y colocarse a la cola del futuro.
Publicado el 19 de septiembre de 2007
26/09/2007 17:26 Autor: emiliosilva. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

LOS ACCIONISTAS DE LA MUERTE

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La producción en cadena de asesinados que está llevando a cabo el gobierno de George Bush en Irak es un inmenso negocio; y no sólo por el hecho de que el suelo del país guarde inmensas bolsas de petróleo. Los magnates de la muerte inventan nuevas líneas de negocio porque nunca se conforman.
En esta última guerra de un Bush se ha puesto de largo una nueva línea de negocio que nace de la privatización de la violencia bélica. Antes, las empresas norteameric ana s fabricaban el armamento y lo vendían, a veces saltándose los bloqueos internacionales porque el dinero, y especialmente el sucio, no tiene fronteras. Ahora que la tecnología necesita personal cualificado para producir muerte, las nuevas empresas de la guerra aportan, además del armamento, el soldado mercenario.
En Irak actúan en la actualidad varias empresas de “seguridad” norteameric ana s, que se d edi can a la gestión de recursos más bien inhumanos. Se trata de compañías de asesinos, que participan, exentos de un mínimo escrúpulo, del botín que el gobierno de George Bush está extrayendo del suelo iraquí.
Son soldados sin alma, y muy bien pagados, que gracias a la cobertura y connivencia del ejército enviado por Bush han llevado a cabo algunas carnicerías de civiles. La última de ellas ocurrió el pasado 16 de septiembre en las calles de Bagdad. Un convoy de mercenarios de la empresa Blackwater (agua negra) se detuvo en una calle céntrica y comenzó a disparar ráfagas de ametralladora a diestro y siniestro.
En total fueron diez los civiles que paseaban por la calle o conducían sus coches y  murieron a causa del “fuego amigo”. Policías y periodistas que fueron testigos de la matanza aseguran que los mercenarios norteamericanos dispararon a todo lo que se movía. Seguidamente el convoy de Balckwater salió precipitadamente del lugar sin preocuparse por la gente a la que había asesinado o herido.
Blackwater es una empresa cuyo vicepresidente, Coffer Black, es considerado el organizador de numerosas operaciones clandestinas de la CIA. Entre sus grandes amigos se encuentran: Dick Cheney, vicepresidente de USA; y el ex secretario de Defensa, Donald Rumsfeld; casualidades de la vida.
Las autoridades iraquíes abrieron inm edi atamente una investigación y la decisión de los mandos norteamericanos fue la de sacar a todos los miembros de la empresa del país para que puedan disfrutar en USA de toda la impunidad que necesiten.
Lo que nunca se podrá saber es cuántos de esos civiles han muerto a causa de las balas amigas del tío Sam. La ayuda de George W. Bush al pueblo iraquí ha consistido en buena parte en destrozarles la vida a miles de personas. Con la garantía de que la legislación internacional sobre derechos humanos no conseguirá que esos asesinos a sueldo tengan que responder por sus crímenes ante la ley.
El mundo se ensombrece cuando la carroña económica colabora con el poder político. La vida se vuelve oscura. Por eso, si alguien cierra los ojos ante las injusticias se está convirtiendo en un mercenario de la impunidad.


Publicado el 26 de septiembre de 2007
26/09/2007 17:28 Autor: emiliosilva. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.


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