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OTRA MIRADA

EL TRABAJO DE LOS GENES

Recientemente, una conocidísima marca de refrescos, Coca-Cola, emitió un anuncio televisivo en la que se aplaudían diferentes situaciones. El mensaje era dar un reconocimiento a personas que asumían riesgos en cuestiones más o menos habituales de la vida cotidi ana . Una de ellas era la de un trabajador que terminaba la jornada laboral antes de que su jefe abandonara la oficina.
Para realizar ese tipo de campañas se llevan a cabo previamente una serie de investigaciones: grupos de discusión en los que se recoge información. En ellos se detectan estados de ánimo de los consumidores que luego se pretenden corregir o alentar con el mensaje publicitario. Esos estudios suelen ser radiografías sociales. Por eso, el hecho de aplaudir a alguien que se va de la oficina antes de que lo haga el jefe es la forma de representar un deseo que miles de personas no cumplen diariamente.
La sem ana pasada, durante una cena, hablaba con un amigo norteamericano acerca de ese anuncio y le pregunté si esa misma campaña habría sido emitida en Estados Unidos. Nada más preguntárselo se echó a reír y me explicó irónicamente que en una sociedad como la norteameric ana dar ese ejemplo en una televisión sería casi ilegal.
Compartiendo mesa con nosotros estaba otro amigo austriaco, que lleva varios años viviendo aquí y  todavía hay muchas cosas que no logra comprender. Nos contaba, por ejemplo, que le llamaba la atención lo mucho que trabajaban los españoles. En su país, me decía, al minuto en punto en el que se cumplen las ocho horas de jornada laboral, los trabajadores comienzan inm edi atamente su tiempo libre, sin regalarle a sus contratadotes trabajo extra, y se van a casa.
La relación que tienen muchos españoles con el trabajo es cuanto menos paradójica, por no decir patológica. Sobrevive una forma de pensar en la que parece que a un trabajador le “regalan” el sueldo, como si el empresario no necesitara su mano de obra y le estuviera haciendo un favor. Y el empleado devuelve ese favor soportando sueldos bajos, regalando anualmente decenas de horas extra y en muchos casos soportando situaciones y preocupaciones que no forman parte de sus funciones laborales.
Que los españoles nos comportemos así y que los austriacos no lo hagan no tiene que ver con la casualidad, ni con el destino. Se trata de la mentalidad, que es el modo de pensar que caracteriza a una sociedad; la forma en que reaccionamos ante diferentes situaciones, las respuestas que damos o no damos y las preguntas que nos hacemos.
Los trabajadores españoles tenemos en general una relación especialmente sumisa con respecto a las condiciones laborales. La misma que con otras situaciones en las que toleramos abusos que son aceptados con una naturalidad patológica, como si ocurrieran por causas ajenas a nosotros. Lo arrastramos en las costumbres que hemos heredado durante generaciones, escrito en el código genético de nuestra historia; un código que la educación y la cultura pueden cambiar para construir una mentalidad más libre.
Publicado el 11 de julio de 2007
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