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OTRA MIRADA

EL CAMINO DE LA CODICIA

EL CAMINO DE LA CODICIA
El grueso de las noticias procedentes de Iraq tiene que ver con las diferentes olas de atentados que se suceden desde que el país fue invadido por las tropas yankis. Poco sabemos acerca de la autoría de los mismos, de la procedencia de sus explosivos y de la labor de las tropas norteamericanas para tratar de sofocarlos.
Todo el ruido de esas bombas, del creciente y desgraciado número de muertos, de las dantescas imágenes de la terrible destrucción son una cortina de humo perfecta para que la opinión pública internacional no tenga ni idea de lo que ocurre tras el telón del terror. Nada o casi nada se sabe de lo que está ocurriendo con el petróleo iraquí, con el oro negro que atrajo a esos invasores que legitimaron su codicia con una amenaza fantasma.
De todas formas, con la impunidad que proporciona tener la mayor máquina de destrucción del planeta bajo sus órdenes, George W. Bush no ha dudado en ocupar el territorio de uno de los grandes productores de petróleo del planeta. Nada le ocurrirá a Bush y a los empresarios sin escrúpulos a los que representa a pesar de que sólo el año pasado hayan muerto 35.000 civiles iraquíes. Pero la sangre derramada de todos esos hombres y mujeres inocentes se multiplica como las acciones de una guerra que cotiza al alza en el mercado internacional.
Desde el principio de los tiempos las guerras han podido explicarse por leyes económicas, que son las que actúan en los conflictos internacionales. Detrás de la religión, de la lucha por una sucesión siempre existía un ansia de poder y de poseer.
Uno de los principios básicos de la macroeconomía es el abaratamiento de costes y el aumento de la rentabilidad de una inversión. Ese es el que Bush está a punto de aplicar. Una vez que ha mandado a sus decenas de miles de soldados a Iraq y que ha puesto en marcha la cadena de montaje invasiva, qué mejor que desplazarse unos kilómetros y, con el envío de unos pocos miles de soldados más, ocupar Irán y someter a otro de los principales productores de petróleo del planeta.
El delito iraní es tener la tecnología para montar una central nuclear, como tienen numerosos países del mundo, que no se han puesto a lanzar bombas nucleares por el planeta. Pero los iraníes son sospechosos de utilizar sus bombas para asesinarnos y el presidente Bush tiene que asustarnos y convencernos de que los protones de una bomba construida en Irán podrían acabar un día con nuestra vida.
Otros países menos golosos que Irán están desarrollando tecnología nuclear, como es el caso de Marruecos. Pero su subsuelo no es tan preciado. Además de que Irán ha comenzado a favorecer al euro en sus compraventas y eso es un insulto para el dólar que necesitó dos guerras mundiales para barrer del mapa a la libra como moneda de referencia internacional.
Dentro de todas las amenazas que se ciernen sobre los ciudadanos occidentales, Bush ha elegido a Irán. Debería estar más preocupado del cambio climático y quizás lo esté y con estas invasiones se esté preparando para el sálvese quien pueda de las futuras olas de calor. Mientras tanto, nadie en occidente le para los pies, con los que sigue pisoteando los derechos humanos.
Publicado el 21 de febrero de 2007
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