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OTRA MIRADA

ALGO CRUJE EN EL PP

ALGO CRUJE EN EL PP Desde la sala de máquinas del Partido Popular llega un ruido un tanto extraño, aunque es posible que se pueda interpretar. No parece el simple chirrido de un rodamiento mal engrasado. Suena más bien a que alguien pretende cambiar algunos componentes o quizás el motor mismo. Es un sonido raro cuando la cosa se acerca a unas elecciones generales, pero posiblemente tiene que ver con la percepción de algunos de sus dirigentes de que su resultado no será bueno y hay que tomar posiciones para estar dispuesto a heredar el liderazgo.

Los movimientos que se están dando en el PP huelen demasiado a sucesión. Deben ser bastantes los que no confían en las posibilidades de Mariano Rajoy para ocupar, tras los próximos comicios, el Palacio de la Moncloa. Alberto Ruiz Gallardón se postula para formar parte de la lista de Madrid en las elecciones generales. Esperanza Aguirre se enfrenta a Zapatero directamente para aparecer ante la opinión pública como una líder a nivel nacional, dispuesta a convertirse en la primera presidenta de un Gobierno español. Rodrigo Rato abandona por razones personales su puesto en el Fondo Monetario Internacional y regresa a Madrid. Josep Piqué dimite, arrinconado por la línea más dura. Acebes y Zaplana se atrincheran tras el poco futuro político que tienen y el tenebroso pasado que atesoran.

Las distintas familias del partido toman posiciones para cuando caiga el actual líder. Y por lo mucho que se mueven no parecen dudar de que será pronto. Las reiteradas declaraciones de Gallardón pidiendo entrar al terreno de juego nacional lo ratifican. El alcalde de Madrid le ha hecho de paso un buen favor a Zapatero, trastocando la agenda del PP, que en esos momentos se afanaba en acusar a Zapatero de cobarde, por no acudir al Congreso de los Diputados a explicar qué está ocurriendo con el caos catalán.

El pasado pesa mucho y Mariano Rajoy anda enganchado a la línea más dura del partido que parece la que tiene el techo electoral más cerca de su cabeza. Las vivencias del 11 al 14 de marzo de 2004, con Acebes y Zaplana, parecen maniatar a un Rajoy que sólo podría salir de la UCI electoral con una dosis de moderación. A pesar de su repetido anuncio del viaje al centro no parece querer o poder llevarlo a cabo, enredado como está permanentemente en la política del “váyase señor Zapatero”. Difícil forma de que el electorado pueda percibir la necesidad de un cambio de presidente del Gobierno.

Mal síntoma político es ese cuando dentro de un partido hay importantes dirigentes más preocupados en suceder al líder actual que en poner toda la carne en el asador para llegar a gobernar. Y eso que los espectadores sólo podemos ver lo que ocurre cuando el telón está levantado. ¿Cuántas maniobras, cenas, camarillas, alianzas se estarán llevando a cabo en los alrededores de Génova?

Un joven eslovaco ha sobrevivido a una caída desde una altura de 1.200 metros. Su paracaídas no se abrió y el aterrizaje forzoso le ha llevado a sufrir simplemente algunas fracturas. Son casos que ocurren una vez de cada muchos millones. No parece que Mariano Rajoy vaya a tener una suerte así.

Publicado el 22 de agosto de 2007
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