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OTRA MIRADA

EL MISTERIO DE LA FELICIDAD

EL MISTERIO DE LA FELICIDAD
Chris Peterson, catedrático de Psicología de la Universidad de Michigan (EEUU), acaba de hacer público un estudio en el que ha medido los índices de felicidad que hay en el mundo. Una encomiable causa, aunque teniendo en cuenta que quizá sería mucho más complicado y voluminoso medir los índices de infelicidad.
Este psicólogo lleva años intentando descubrir algo parecido a una fórmula de la felicidad. No se trata de una pócima mágica, que nos haga a todos sentirnos dichosos a cada instante. Consiste en averiguar cuáles son las razones por las que una sociedad es más o menos feliz. Hasta el momento, según afirma en sus conclusiones, es una combinación de coraje, creatividad, optimismo, equidad, capacidad de amar y de estar satisfecho con lo que uno hace.
Los tres primeros puestos en esa apoteósica clasificación los ocupan: Suecia, Noruega y Dinamarca. La satisfacción de sus ciudadanos tiene una relación directa y objetiva con su renta per cápita. Y aunque a alguien pueda parecerle mentira, la presión fiscal que soportan sus ciudadanos es la mayor del planeta. Hay que tener en cuenta que el alto pago de impuestos tiene una relación directa con la protección social de sus Estados;  son los que más invierten en educación y sanidad y eso debe tener alguna relación con la felicidad.
Pero el profesor Peterson ha encontrado un fenómeno paranormal en su estudio, una de esas excepciones que suelen confirmar las reglas. Se trata de España. Según los parámetros seguidos en su investigación existe un desajuste entre la renta per cápita que tenemos y el nivel de satisfacción vital que mantenemos. Eso quiere decir que somos mucho más felices de lo que deberíamos ser con respecto a nuestros ingresos. Un dato que sin duda debe tranquilizar y satisfacer a miles de empresarios españoles que tienen la hermosa oportunidad de hacer felices a sus trabajadores con una pequeña inversión en el pago de las nóminas.
La conclusión de ese estudio que nos afecta explicaría muchas cosas con respecto a las condiciones sociales que soportamos los ciudadanos de esta península: bajos sueldos, pisos por las nubes, poco gasto social y una forma de ver el mundo laboral como un favor que nos hace la vida y no como un intercambio en el que tenemos derecho a exigir una remuneración justa con respecto al trabajo. Debemos ser de los pocos en el mundo que firmamos una hipoteca a 30 ó 40 años y hacemos una fiesta para celebrar que ya tenemos piso.
Imagino que el estudio tendrá un impacto brutal en nuestra clase política, preocupadísima como está por mejorar nuestra vida. Ya deben estar preparando un apasionante debate sobre la felicidad de la nación. El Partido Popular acusará al gobierno de que la infelicidad divide a los españoles. Y el PSOE propondrá una alianza de felicidades. Ni siquiera en algo tan básico estarán de acuerdo. Y mientras tanto, los ciudadanos de a pie tendremos que seguir recibiendo los sueldos más bajos del núcleo duro de la Unión Europea , pero con una gran sonrisa en los labios.
Publicado el 1 de agosto de 2007
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