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OTRA MIRADA

TENEMOS UN PLAN

TENEMOS UN PLAN

Emilio Silva Barrera

 

Los cayucos siguen llegando a las costas canarias. A lomos de la desesperación miles de subsaharianos huyen despavoridos de sus frágiles o inexistentes economías en busca del sueño europeo. Es curioso cómo nos muestran las televisiones sus miradas atemorizadas, sus rostros derramando el final de un sueño truncado por la vigilancia aduanera. Simplemente un fragmento de sus vidas, el de la captura, el del fracaso de su intento por llevar una vida más o menos parecida a la nuestra.

 

Qué buena función social cumplen esas informaciones; para los parados, para los humildes, para los que cobran ínfimos sueldos pero en euros, para los pensionistas, para los no accionistas, para los que tienen dejar que un banco secuestre su futuro a punta de hipoteca. Qué bueno es ver a esos seres humanos, desesperados por acceder a los trabajos que no queremos, que no aceptamos, que rechazamos. Qué bueno para que nos resignemos, para que nos conformemos, para que no exijamos ni reclamemos. Nada como la visión de esos cientos de hombres y mujeres desesperados, enajenados por la miseria, navegando de la mano de muerte, para no pedir ese aumento, para no exigir ese descuento, para sentir que de qué me quejo.

 

Pocos reportajes veo acerca de la miseria en sus países, del por qué de tanto riesgo para escapar de ella, de la historia de una Europa colonial que utilizó sus recursos, incluidos los humanos, para construir este paraíso del consumo al que ellos tratan de acceder. No veo nada que nos pueda hacer sentirnos responsables, culpables, vinculados a su miseria; nada que pueda permitir interpretar que se suben a esos cruceros sin lujo porque un día nuestro continente, nuestra Europa, arrasó con su futuro, es mismo futuro que ahora intentan encontrar por estas tierras.

 

Y Europa mira hacia otro lugar, hacia otros negocios. Instala en África industrias hipercontaminantes, hiperasfixiantes; como si quisiera estrangular el estrecho cuello de su futuro y negarles una de las pocas cosas que les permiten sobrevivir; el aire. Europa no ha devuelto ni una pequeña parte del botín conquistado, del futuro arrebatado. Europa, la elegante Europa, deja morir de hambre a miles de hombres y mujeres a los que empezó a dejar de morir de hambre hace muchas décadas. Europa instala vallas, patrullas, satélites; pero envía a África lo justo para que sus ciudadanos y su clase política tranquilicen su conciencia.

 

La respuesta política es pomposa, desbordada, con un nombre sacado de la chistera del lenguaje; el Plan África. Con ese nombre parece que van a solucionarse los problemas de ese continente africano. Nada como tener un plan en la vida y mucho mejor tenerlo en la política; un Plan Badajoz o un Plan Marshall. Tener un Plan es una respuesta mágica a un problema, el principio de una gran solución, aunque no sirva de nada.

 

El verdadero plan del gobierno debería consistir en entregar ya el 0,7%, ayudar a eliminar la corrupción de sus gobiernos y conseguir que esos países se desarrollen. El objetivo debe ser que puedan vivir con bienestar en sus países y no que dejen de llegar a los nuestros. Y para eso hace falta más pan y menos plan.


Publicado el 24 de juniio de 2006  

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