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OTRA MIRADA

LEJOS DE LA REALIDAD

Hace unos días tuve la inmensa suerte de poder escuchar una entrevista radiofónica con José María Aznar, que hablaba desde el estado de Arkansas, al sureste de los Estados Unidos. En medio de su apretada agenda internacional, el ex presidente del gobierno, hoy líder mundial, quería aportar su visión sobre la sociedad española; la de un hombre que viaja sin descanso de un rincón a otro del planeta. Con esa laudatoria, enunciada por el entrevistador, no pude hacer otra cosa que poner mis cinco sentidos para escuchar la entrevista.
 
Aseguraba Aznar que es “un tremendo error” que el gobierno negocie con terroristas y que para derrotarlos no hay que pagar un precio político “por una paz falsa”. Inmediatamente, mi cerebro escaneó alguna de las informaciones que guardo en él y me recordó que en el año 1998 el gobierno Aznar había llevado a cabo negociaciones similares. En esos días, el gobierno popular contacto con el entorno de ETA y puso sobre la mesa la discusión acerca del acercamiento de los presos, lo que debe ser algo parecido a lo que los populares llaman un precio político, que hoy se niegan a pagar.
 
Todavía mis poros segregan estupor al pensar por qué una negociación llevada a cabo por el PP es una esperanza, como entonces titularon algunos periódicos afines; y una negociación llevada a cabo por el PSOE es “un tremendo error”. Tampoco entiendo que el ex presidente popular pueda rechazar en otros líderes políticos lo que él mismo hizo y no se genere un debate público que pudiera llegar a hacerle rectificar.
 
La derecha española sabe manejarse con gran soltura en el terreno de la doble moral. Eso quiere decir que tienen arte en decir que no se debe hacer lo que ellos mismo hacen. Este caso es preclaro, pero existen otros como las competencias que entregó a la Generalitat de Cataluña en sus años de gobierno, o las terribles acusaciones que lanzó hacia el PNV poco después de haber contado su apoyo.
 
Ya es hora de que la derecha se modernice, cambie métodos y abandone la estrategia en la que sus intereses electorales están en un lugar lejos de la realidad. Ojalá desaparezca la cultura política que lleva a los líderes populares a ese comportamiento infantil que consiste en que las cosas no se deben hacer si no las hago yo.
 
La política española necesita una derecha que abandone viejos tics y que deje de estirar la cuerda del miedo para aumentar una tensión en la que piensan que pueden recoger una buena cosecha electoral. Pero la cuerda se gasta y comienza a dar síntomas de ello. Cuando el próximo domingo, según anuncian las encuestas, gane el Sí en el referéndum del Estatut y Cataluña no se desprenda de la península ibérica comenzarán a cambiar las cosas. Si la negociación con ETA sigue adelante y se alcanza una paz que termine con el terrorismo, habrá más cambios. La derecha española ha construido su principal identidad política sobre una ficción, y ese tipo de proyectos políticos corren el peligro de ser derribados por la realidad. Así que como ven, tengo esperanza. Muchas más desde que vi la fotografía de Manuel Fraga con una visera en la que podía leerse “11-M, manipulación”. Menos mal que Aznar no la vio, porque estaba en Arkansas.
Publicado el 14 de junio de 2006
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