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OTRA MIRADA

DISIDENTES DE LA LIBERTAD

El ex presidente del gobierno, José María Aznar, ha vuelto a dar grandes muestras de su incoherencia política y de que su doble moral se activa en la consecución de determinados intereses: dime con quién vas y te diré quién eres.
Moamar el Gadafi preside un país en el que se cometen numerosas violaciones de derechos humanos, como detenciones ilegales de personas que pasan a convertirse en presos políticos, acusados de conspirar contra el gobierno.
El pasado febrero, en una manifestación que tuvo lugar en la ciudad de Bengasi, las fuerzas policiales libias se exc edi eron en sus funciones represivas y asesinaron a doce personas. La policía abrió fuego real después de que un pequeño grupo de manifestantes lanzaran algunas piedras contra el consulado italiano en la ciudad. 
Amnistía Internacional ha denunciado en su último informe hecho público en el año 2007, que en las cárceles libias se practican torturas y algunos presos han muerto en circunstancias poco esclarecidas.
El presidente Gadafi, acusado internacionalmente como culpable de un atentado en el que murieron asesinados 200 pasajeros de un avión que estalló en la localidad escocesa de Lockerville, tiene petróleo y eso ayuda.
Pero el hombre que se creyó un elegido de la humanidad por posar en una foto junto a Bush y a Blair, para derrocar a un dictador terrorista y promover una guerra que en Irak, que ha causado miles de muertos civiles, no le hace ascos a otro dictador que sin ser tan sanguinario como Sadam, no fomenta precisamente la libertad entre sus ciudadanos.
Da la casualidad de que Gadafi viene con 12.000 millones de euros debajo del brazo y lo convierte en una persona con la que se puede dialogar. Ya lo ha explicado el diputado popular Gustavo de Arístegui al afirmar que la diferencia entre Gadafi y Sadam Hussein es que uno causó muchos menos asesinatos que el otro.
El mismo partido político que ha criticado y puesto m edi o país patas arriba por las negociaciones con ETA y que pide la ilegalización de formaciones políticas que no condenan su violencia admite compartir mesa con un hombre que “apenas” ha contribuido a la suma de víctimas del terrorismo mundial con unos cuantos miles.
Está claro que cuando se representan unos poderosos intereses y hay grandes sumas en inversiones no se consideran “sucios” los miles de billetes que puedan venir de un país en el que sus ciudadanos no eligen libremente a sus representantes políticos.
En su último libro, José María Aznar d edi ca numerosas páginas a elogiar la libertad y a enumerar grandes loas a los disidentes de los regímenes totalitarios. Pero en la vida política una cosa es el discurso y otra bien distinta el curso, al menos en personas que se comportan como veletas y un día son capaces de moverse al viento que sopla desde desiertos lejanos que cubren grandes bolsas de petróleo.
La insolvencia política de Aznar ha quedado patente en numerosas ocasiones. También la de un Gobierno que recibe a Obiang o a Gadafi con honores que no merecen.
Publicado el 19 de diciembre de 2007
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