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OTRA MIRADA

A LA PAZ, PAZ Y AL VINO, VINO

Durante la mañana de hoy, la sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo debatirá en su plenario general la propuesta de dar respaldo al proceso de negociación entre el gobierno español y la banda terrorista ETA, tras la declaración pública de alto el fuego permanente que tuvo lugar el pasado 22 de marzo.

 

Dicen algunos dirigentes del Partido Popular que José Luis Rodríguez Zapatero no ha tenido suficiente con romper España y ahora quiere hacerlo con Europa, dividiendo en dos grupos a los parlamentarios que representan la soberanía de la Unión Europea.

 

El proceso de paz es un río revuelto al que todos los pescadores quieren echarle sus redes. Los dos partidos mayoritarios lo utilizan como una herramienta que puede dar y quitar en las próximas contiendas electorales.

 

Eso hace que sus actitudes no sean a menudo todo lo claras que deberían ser. Por parte del Gobierno se repite que la sociedad española no va a tener que pagar un precio político por el fin de la violencia etarra. Es difícil creer que dos partes de un conflicto se sienten a negociar sin que ambas vayan a beneficiarse en algo.

 

Desde el 11 de septiembre de 2001, día que hundieron las torres gemelas y en especial desde los atentados en los trenes de Madrid del 11 de marzo de 2004, el terrorismo de ETA estaba herido de muerte, criminalizado y perdiendo los pocos apoyos internacionales que podía tener.

 

El Gobierno español tiene que haber establecido una hoja de ruta en la negociación con ETA en la que los negociadores van seguramente unos cuantos pasos por delante de lo que los ciudadanos vamos conociendo. Tendrán que permitir que Batasuna se presente a las elecciones, tendrán que acercar los presos, reducir condenas y otras cosas que permitan que ese fin de la violencia se afiance.

 

Esa labor permitirá al PSOE trabajar electoralmente sobre una mayoría social que está evidentemente a favor del fin de la violencia y en ese sentido es posible que alcancemos las elecciones generales de 2008 y los españoles tengamos que elegir entonces entre un gobierno que negocia la paz, el del PSOE;  y uno que no lo hace, el del PP. Dependerá de los negociadores el manejo de los tiempos, de las crisis y de los avances.

 

En cuanto al Partido Popular, la postura que ha elegido es comprensible e incomprensible. En los últimos años los dirigentes populares han vinculado estrechamente su identidad a los sectores conservadores de las víctimas del terrorismo de ETA. Pero lo que resulta sorprendente es que utilicen una serie de adjetivos descalificativos para unas maniobras de negociación que el gobierno de José María Aznar llevó a cabo en el año 1998. Y si entonces consideraban que era pertinente llevarlas a cabo, lo mismo debe parecerles en estos momentos.

 

De lo que se trata es de que las víctimas tengan apoyo de las instituciones y de que se construya una nueva situación en la que las armas no vayan por delante ni por detrás de las ideas. Y que cada cual se descubra de sus intereses de partido y compatibilicen la justicia con el bien común.

 

Publicado el 25 de octubre de 2006

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