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OTRA MIRADA

NUESTROS APARATOS

Decía el pensador canadiense Marshall McLuhan que toda la tecnología que utilizamos con energía eléctrica es una prolongación de nuestro sistema nervioso. Eso quiere decir que la televisión, el ordenador, la bombilla del baño o nuestro teléfono móvil son prolongaciones de nuestra red neuronal.

Mucha de la tecnología que ha creado el ser humano está destinada a erradicar sus miedos. La luz, para huir de la oscuridad; el teléfono, para desterrar la soledad; y la máquina de rayos x para ver más allá de nuestra mirada.

El mundo que estamos creando se parece demasiado a nuestros miedos y fantasmas. Con la velocidad reducimos las distancias, con el teléfono móvil podemos tener localizados en todo momento a nuestros seres queridos… Ese sistema nervioso externo que hemos creado está matando al individuo que hay en nosotros y convirtiéndonos en otra cosa. Cada vez estamos más conectados, interconectados, formando una red.

Otra de las curiosidades de este fenómeno es la relación de dependencia que establecemos con la tecnología. La vida nos parece imposible sin nuestros aparatos. Somos incapaces de apagar el teléfono móvil, aunque sea para dormir y a pesar de que en casa hay un teléfono fijo con el que nos pueden localizar. Miles de personas se duermen escuchando la radio, incapaces de conciliar el sueño sin un estímulo externo. Vivimos el espejismo de conquistar una independencia que es exactamente lo contrario.

Según la visión occidental del mundo, y adaptando el principio de McLuhan, los países desarrollados son aquellos que tienen un sistema nervioso exterior más complejo. Eso quiere decir que el hombre más dependiente de la tecnología es el ser supremo de la humanidad. Y según esa cultura occidental, los hombres que sólo dependen de las realidades objetivas (comer, dormir, amar, reproducirse) son inferiores, subdesarrollados.

El clímax del sistema nervioso exterior al hombre es la energía nuclear. Una central nuclear puede poner en funcionamiento miles de neuronas tecnológicas. Un arma nuclear porque puede destruir todo lo que nos rodea, incluso destruirnos a nosotros mismos.

Los países en la actualidad se miden por la complejidad de su sistema nervioso externo. En estos momentos el sistema nervioso norteamericano es el más potente del planeta. Por eso George Bush se preocupa de que los países que él considera enemigos no accedan a la energía nuclear para que desarrollen sus neuronas externas.

Alguien ha decidido que Irán no puede tener un sistema nervioso más complejo. Esa fue la excusa para invadir Irak y así están las cosas. El único país que se ha atrevido a matar a miles de personas con una bomba atómica es el que decide quién tiene derecho o no a ese tipo de armamento. No sé porqué un hombre como Bush, que ha iniciado una guerra con miles de muertos, tiene más derecho a que su sistema nervioso decida sobre la vida o la muerte de cualquier persona del planeta. Y no lo digo por el del número de neuronas cerebrales que acostumbra a utilizar.

Publicada el 8 de marzo de 2006
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