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16/08/2007
EL MISTERIO DE LA FELICIDAD

Chris Peterson, catedrático de Psicología de la Universidad de Michigan (EEUU), acaba de hacer público un estudio en el que ha medido los índices de felicidad que hay en el mundo. Una encomiable causa, aunque teniendo en cuenta que quizá sería mucho más complicado y voluminoso medir los índices de infelicidad.
Este psicólogo lleva años intentando descubrir algo parecido a una fórmula de la felicidad. No se trata de una pócima mágica, que nos haga a todos sentirnos dichosos a cada instante. Consiste en averiguar cuáles son las razones por las que una sociedad es más o menos feliz. Hasta el momento, según afirma en sus conclusiones, es una combinación de coraje, creatividad, optimismo, equidad, capacidad de amar y de estar satisfecho con lo que uno hace.
Los tres primeros puestos en esa apoteósica clasificación los ocupan: Suecia, Noruega y Dinamarca. La satisfacción de sus ciudadanos tiene una relación directa y objetiva con su renta per cápita. Y aunque a alguien pueda parecerle mentira, la presión fiscal que soportan sus ciudadanos es la mayor del planeta. Hay que tener en cuenta que el alto pago de impuestos tiene una relación directa con la protección social de sus Estados; son los que más invierten en educación y sanidad y eso debe tener alguna relación con la felicidad.
Pero el profesor Peterson ha encontrado un fenómeno paranormal en su estudio, una de esas excepciones que suelen confirmar las reglas. Se trata de España. Según los parámetros seguidos en su investigación existe un desajuste entre la renta per cápita que tenemos y el nivel de satisfacción vital que mantenemos. Eso quiere decir que somos mucho más felices de lo que deberíamos ser con respecto a nuestros ingresos. Un dato que sin duda debe tranquilizar y satisfacer a miles de empresarios españoles que tienen la hermosa oportunidad de hacer felices a sus trabajadores con una pequeña inversión en el pago de las nóminas.
La conclusión de ese estudio que nos afecta explicaría muchas cosas con respecto a las condiciones sociales que soportamos los ciudadanos de esta península: bajos sueldos, pisos por las nubes, poco gasto social y una forma de ver el mundo laboral como un favor que nos hace la vida y no como un intercambio en el que tenemos derecho a exigir una remuneración justa con respecto al trabajo. Debemos ser de los pocos en el mundo que firmamos una hipoteca a 30 ó 40 años y hacemos una fiesta para celebrar que ya tenemos piso.
Imagino que el estudio tendrá un impacto brutal en nuestra clase política, preocupadísima como está por mejorar nuestra vida. Ya deben estar preparando un apasionante debate sobre la felicidad de la nación. El Partido Popular acusará al gobierno de que la infelicidad divide a los españoles. Y el PSOE propondrá una alianza de felicidades. Ni siquiera en algo tan básico estarán de acuerdo. Y mientras tanto, los ciudadanos de a pie tendremos que seguir recibiendo los sueldos más bajos del núcleo duro de la Unión Europea , pero con una gran sonrisa en los labios.
Publicado el 1 de agosto de 2007
VACACIONES FELICES

Cada vez que paso por el Bierzo en mis vacaciones la cabeza se me llena de recuerdos. Debe ser la edad o que ahora tengo un poco más de tiempo libre el día de mi llegada. En los años 70, cuando mis padres empaquetaban a seis niños en un coche familiar, con una vaca repleta de maletas y bártulos, invertíamos prácticamente un día entero para llegar desde Pamplona hasta Pereje.
Las carreteras bercianas poco tenían que envidiar entonces a la montaña rusa más arriesgada que pueda promocionar un parque de atracciones de última generación. Me producían un pánico tremendo aquellos interminables precipicios en esa España de vía estrecha, por una calzada en la que algún ingeniero perdió el metro y no pudo calcular la anchura de asfalto que necesitan dos vehículos para pasar simultáneamente. Mis hermanas y yo teníamos siempre una bolsa a mano por si nuestro aparato digestivo se mostraba sensible al montón de curvas y baches con el que teníamos que convivir durante ese largo día.
Pero la recompensa era grande. Llegábamos a casa de la abuela Modesta y teníamos un mes por delante para convivir con nuestras raíces, en el sentido más amplio de la palabra. Nos pasábamos el día en la calle, haciendo la vida de una lagartija. Lo que ahora serían seis niños con una videoconsola, entonces eran seis hermanos y varios primos haciendo turnos para poder disfrutar de la única bicicleta que podíamos llevarnos a las piernas, subiendo a los árboles para tomar alguna fruta prestada o llenando un bote de luciérnagas en busca de una energía mágica y alternativa.
Para nosotros el mundo de siempre era un mundo nuevo: la vieja casa familiar crujía por las noches y nuestros temores tardaban en acostumbrarse al lenguaje de sus vigas; nos sorprendía la naturalidad con la que un conejo (como el que veíamos en los dibujos animados) moría de un estacazo camino de la cazuela o la matemática exactitud con la que el mimbre se convertía en un canasto.
Nosotros intentábamos no entorpecer una vida mucho más apegada a los ritmos de la naturaleza que la nuestra. Levantando pocos palmos del suelo, queríamos colaborar en la cosecha y nuestra abuela o nuestros tíos, con inquietud y paciencia, trataban de introducirnos en las artes de la agricultura. Al final, lo poco que hacíamos retrasaba su labor más que otra cosa.
Cuando ahora vuelvo a Pereje y todo es más mecanizado y en la despensa conviven la huerta y el hipermercado, encuentro cosas que no cambian. Especialmente una; la insistencia, cuando visitas a un familiar, en atiborrarte de comida como si acabaras de llegar de una lejana posguerra. Y si no te apetece nada parece que le ofendes. Es la memoria de un tiempo en el que el hombre era inseparable de la tierra y juntos compartían muchas más cosas.
Por cierto, se habrán dado cuenta de que el país funciona aunque los políticos estén de vacaciones. No estaría mal que el resto del año fueran más discretos, cumplieran su labor, trabajaran por sus ideas y no llamaran tanto la atención.
Publucado el 8 de agosto de 2007
24/08/2007
ALGO CRUJE EN EL PP
Desde la sala de máquinas del Partido Popular llega un ruido un tanto extraño, aunque es posible que se pueda interpretar. No parece el simple chirrido de un rodamiento mal engrasado. Suena más bien a que alguien pretende cambiar algunos componentes o quizás el motor mismo. Es un sonido raro cuando la cosa se acerca a unas elecciones generales, pero posiblemente tiene que ver con la percepción de algunos de sus dirigentes de que su resultado no será bueno y hay que tomar posiciones para estar dispuesto a heredar el liderazgo.Los movimientos que se están dando en el PP huelen demasiado a sucesión. Deben ser bastantes los que no confían en las posibilidades de Mariano Rajoy para ocupar, tras los próximos comicios, el Palacio de la Moncloa. Alberto Ruiz Gallardón se postula para formar parte de la lista de Madrid en las elecciones generales. Esperanza Aguirre se enfrenta a Zapatero directamente para aparecer ante la opinión pública como una líder a nivel nacional, dispuesta a convertirse en la primera presidenta de un Gobierno español. Rodrigo Rato abandona por razones personales su puesto en el Fondo Monetario Internacional y regresa a Madrid. Josep Piqué dimite, arrinconado por la línea más dura. Acebes y Zaplana se atrincheran tras el poco futuro político que tienen y el tenebroso pasado que atesoran.
Las distintas familias del partido toman posiciones para cuando caiga el actual líder. Y por lo mucho que se mueven no parecen dudar de que será pronto. Las reiteradas declaraciones de Gallardón pidiendo entrar al terreno de juego nacional lo ratifican. El alcalde de Madrid le ha hecho de paso un buen favor a Zapatero, trastocando la agenda del PP, que en esos momentos se afanaba en acusar a Zapatero de cobarde, por no acudir al Congreso de los Diputados a explicar qué está ocurriendo con el caos catalán.
El pasado pesa mucho y Mariano Rajoy anda enganchado a la línea más dura del partido que parece la que tiene el techo electoral más cerca de su cabeza. Las vivencias del 11 al 14 de marzo de 2004, con Acebes y Zaplana, parecen maniatar a un Rajoy que sólo podría salir de la UCI electoral con una dosis de moderación. A pesar de su repetido anuncio del viaje al centro no parece querer o poder llevarlo a cabo, enredado como está permanentemente en la política del “váyase señor Zapatero”. Difícil forma de que el electorado pueda percibir la necesidad de un cambio de presidente del Gobierno.
Mal síntoma político es ese cuando dentro de un partido hay importantes dirigentes más preocupados en suceder al líder actual que en poner toda la carne en el asador para llegar a gobernar. Y eso que los espectadores sólo podemos ver lo que ocurre cuando el telón está levantado. ¿Cuántas maniobras, cenas, camarillas, alianzas se estarán llevando a cabo en los alrededores de Génova?
Un joven eslovaco ha sobrevivido a una caída desde una altura de 1.200 metros. Su paracaídas no se abrió y el aterrizaje forzoso le ha llevado a sufrir simplemente algunas fracturas. Son casos que ocurren una vez de cada muchos millones. No parece que Mariano Rajoy vaya a tener una suerte así.
Publicado el 22 de agosto de 2007


