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13/04/2007

¿LA IGLESIA DE LOS POBRES?

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Aunque no soy creyente, siempre he seguido con atención los acontecimientos relacionados con la iglesia católica. Se trata del mismo interés que me lleva a preocuparme por otros grupos de poder; instituciones determinantes para la vida de los ciudadanos de un país. La iglesia católica ha sido un elemento de poder político de primer orden, y lo sigue siendo, lo que dice mucho y poco de nuestra modernidad democrática.
Hace dos décadas que se extendió, especialmente en América Latina, la teología de la liberación. Se trataba de una corriente cristi ana que asumía el deber de trabajar con, por y para los más necesitados. Su labor se convirtió en un movimiento social que cuestionaba las relaciones del poder político y económico, en las que siempre perdían los mismos. Juan Pablo II reaccionó inm edi atamente para mitigar lo que consideraba una revolución en el seno de la iglesia. Y desde Estados Unidos se adentraron en el sur del continente movimientos evangelistas bien financiados con el objetivo de que los creyentes no cuestionaran ese orden establecido.
Desde hace años he leído cosas acerca de Enrique de Castro, un sacerdote que ha d edi cado su vida a los desheredados. He escuchado hablar de él cuando la periferia de Madrid asistía atónita a un peregrinar de heroinómanos que construían la casta más desasistida y habitante de la miseria de nuestra sociedad.
De Castro organizó servicios para los heroinómanos, para erradicar su ausencia de calidad de vida, para darles una oportunidad de romper el círculo de hierro de la miseria. Desde la Coordinadora de Barrios de Madrid hace muchos años que fue pionero en la creación de centros de restauración de muebles con los que dar una oportunidad laboral a esos olvidados. También estuvo al lado de los insumisos en su lucha contra el servicio militar obligatorio.
Ahora, el arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, ha ordenado el cierre de la parroquia en la que el sacerdote de Castro desarrollaba su labor solidaria. Se trata de un lugar de encuentro para diferentes colectivos marginales: inmigrantes, madres de toxicómanos que no encuentran amparo en las instituciones,…
De nuevo la jerarquía de la Iglesia se aleja de los más necesitados y limita su labor, más preocupada en la defensa de una ideología conservadora y de sus relaciones de poder que en la búsqueda de una vida mejor para quienes padecen las dentelladas de la miseria y necesitan ayuda terrenal.
En los últimos meses la iglesia católica ha iniciado una persecución de los sectores más cercanos a la Teología de la Liberación , aquella que afirma, entre otras cosas, que el lugar donde debe estar un religioso es al lado de los pobres. Pero ese discurso no cala en Rouco Varela, responsable de una sociedad de la Conferencia Episcopal encargada de invertir en bolsa y obtener pingues beneficios que les permitan mantener su estatus. Los jerarcas católicos deberían plantearse cuál debe ser su lugar en el mundo y qué tienen que hacer para representar a un hombre que, de haber existido, vivió para ayudar a los más débiles. Amén.
Publicado el 4 de abril de 2007
13/04/2007 15:17 Autor: emiliosilva. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

¿NUCLEARES? NO, GRACIAS

Esperando el comienzo de un tel edi ario me quedé adormecido sillón, aletargado por unas g ana s incontrolables de fabricar una siesta. Soñé que el cambio climático y toda la alerta actual acerca del calentamiento del planeta era sólo una estrategia de marketing de las compañías eléctricas. Que por eso coincidía toda la información acerca del futuro de la naturaleza con las opas y multiopas que están moviendo miles de millones de euros en el sector energético. Soñaba que todo el miedo que estaban despertando con el fin del mundo y la trag edi a ecológica que nos viene encima era principalmente el argumento para convencernos de que es preciso abrir unas decenas de centrales nucleares y entonces entendía por qué hay tanta pelea en las compañías por comprarse unas a otras. Menudo negocio les esperaba.
De aquel sueño de primera hora de la tarde me desperté con la televisión encendida. Entonces, en un informativo, oí que Irán lanzaba su proyecto para el tratamiento de uranio de forma masiva. Decía un titular escrito en la pantalla que Irán aumentaba su amenaza. ¿Qué amenaza?, me pregunté yo.
Estaba en ese momento en que todavía no había aterrizado del todo en la realidad y traté de sentirme amenazado por Irán, pero no lo conseguí. No quería darle muchas vueltas al tema y entonces zanjé el asunto deduciendo que quizás yo estaba incapacitado para sentirme amenazado por Irán. Por alguna razón que desconozco me imaginaba a un ayatolá con una bomba atómica en la mano y no me asustaba. No me pareció especialmente preocupante pero entonces comencé a jugar.
Repasé en mi cabeza algunos presidentes de gobierno extranjeros. Me imaginé a Ángela Merkel, la canciller aleman a, con una bomba atómica en la mano y no me asusté. Luego me imaginé a Jacques Chirac y tampoco tuve miedo. Imaginé a Putin y el pánico se apoderó de mí. Lo mismo me pasó con Tony Blair, pero fue mucho peor los de George Bush. La imagen de ellos dos con sendas bombas atómicas me hizo levantarme de un salto y mirar en todos los rincones de mi casa.
Vi detenidamente la noticia y reflexioné. Irán es uno de los mayores productores de petróleo de nuestro cansado y caliente planeta. El día en que el oro negro empiece a escasear no se sabe lo que ocurrirá. Sin que haya hecho falta que llegue ese momento, el gobierno de George Bush ya ha invadido un país en el que está controlando las decenas de miles de barriles que se producen diariamente. Mientras, en la prensa internacional, sólo se habla de los muertos en atentados en Irak que están tejiendo una gran cortina de humo para ocultar los beneficios económicos de la invasión.
Personalmente estoy contra la existencia de las bombas nucleares; mejor sería que no existieran. Pero dentro de las reglas dominantes del mundo en que vivimos entiendo que Irán quiera tener un armamento con potencia suficiente para defender el principal motor de su economía. Lo mismo que otros países la tienen. Eso me hace pensar que si George Bush dice que la energía nuclear iraní es una amenaza lo que realmente no quiere es que un país con tanto petróleo tenga capacidad para defenderse de una posible invasión.
Publicado el 11 de abril de 2007
13/04/2007 15:18 Autor: emiliosilva. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

23/04/2007

¿El espíritu de Robin Hood?

Un grupo de antropólogos de la Universidad norteameric ana de San Diego, una de las más prestigiosas del estado de California, realizó recientemente un estudio bastante interesante, aunque no vaya a revolucionar el futuro de la humanidad. Se trataba de experimentar con las relaciones que establecían entre miembros de un grupo creado para la ocasión y su comportamiento ante las diferencias económicas. Para ello reunieron a un grupo de 120 estudiantes y les repartieron distintas cantidades de billetes que no eran de curso legal, con la intención de crear entre ellos diferencias monetarias.
 Los participantes fueron separados en grupos pequeños que interactuaban y cambiaban sus miembros para evitar la “intoxicación” del ensayo científico. Los organizadores del experimento querían que la cantidad monetaria fuera el factor determinante en el comportamiento de los estudiantes. Y una de las cosas que podía  echar por tierra el ensayo era que los jóvenes respondieran a las simpatías o antipatías que pudieran generarse durante el juego.
Al final del trabajo y una vez revisado el comportamiento de cada uno de los participantes, los científicos llegaron a una conclusión que ha sido publicada recientemente en la prestigiosa revista científica Nature. Se podría resumir en la existencia de una tendencia natural en las personas a quitar al que tiene más y dar al que tiene menos. Eso quiere decir que cada ser humano lleva dentro un Robin Hood, un alma justiciera dispuesta a quitarle al rico para que tenga el pobre.
Sin poner en duda el rigor del estudio, uno mira al mundo y ve lo efímeras que son nuestras tendencias naturales; especialmente las buenas. Nacemos con esa intención de repartir la riqueza, pero algunos se olvidan rápido de ella y comienzan a acumular cantidades escandalosas de dinero mientras otros viven condenados a respirar en el umbral de la pobreza.
El pasado lunes el presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, hizo público un informe económico con las principales macrocifras del año 2006. Lo hizo en el edi ficio de la bolsa, a donde, que yo sepa, jamás ha llegado alguien a convertir la especulación en justicia social.
Nuestro país no podría participar en un certamen de robinhoods porque se trata de una de las economías europeas en las que hay más margen de beneficio empresarial. Eso nos ha llevado a que varios españoles hayan entrado en los últimos años en la lista de los más ricos del mundo. Lo que no sabemos, porque de eso no suelen hacerse estadísticas, es si el número de robinhoods ha aumentado o disminuido en los últimos años.
Es una trag edi a que teniendo esa tendencia natural a que nadie sufra la pobreza vivamos en un mundo repleto de ella. En ese territorio en el que unos pocos acumulan en la m edi da en que les falta a otros es donde la política debe intervenir. Debe m edi ar para que nadie sufra carencias en un mundo con un nivel de producción capaz de abastecer a todos los habitantes del planeta. Así, el reparto de la riqueza no será solamente un experimento.


Publicado el 18 de abril de 2007
23/04/2007 12:26 Autor: emiliosilva. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.


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