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LOS HOMBRES GRISES

Un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) concluye que España es el país de la Unión Europea con la mayor tasa de abandono escolar. La afirmación se plasma en que un 30% de los alumnos españoles no terminan la enseñanza obligatoria. El informe asegura que en España el sistema educativo ha mejorado en los últimos 25 años. Tenemos, por ejemplo, las aulas menos masificadas de Europa. Pero el informe manifiesta que el aumento del Producto Interior Bruto español no se ha visto reflejado proporcionalmente en la inversión de las instituciones públicas en la enseñanza.
La sociedad que invierte en enseñanza invierte en su futuro. Dice el dicho popular: "Según hagas tu cama, así dormirás en ella"; y dice bastante. La falta de recursos d edi cados a la enseñanza produce y reproduce una escisión social entre los niños que tendrán más oportunidades en su futuro y los que tendrán menos. El informe de la OCDE ratifica el hecho de que la tasa de paro es menor entre aquellas personas que tienen una mayor formación académica y aquellas que no. Ese 30% por ciento de alumnos españoles que no terminan la enseñanza obligatoria no son una fría estadística; son chicos y chicas que pasaran en más ocasiones por las colas del INEM, que tendrán menos recursos para desarrollar su vida o la de sus descendientes y que se verán abocados a ser la mano de obra peor pagada. Las cosas no suelen ocurrir porque sí y unas suelen estar relacionadas con otras. Por ejemplo, tenemos el mayor número de estudiantes que abandona la enseñanza obligatoria de la UE y la mayor tasa de beneficio empresarial de la UE. Por algún mecanismo que no tiene por qué estar desconectado, a mayor fracaso escolar, mayor beneficio empresarial.
El fracaso escolar es un fracaso social. Las relaciones y reacciones sociales que genera y regenera esa falta de educación son numerosas. Entre todas ellas hay una fundamental, la falta de ciudadanos con la cultura suficiente como para defenderse ante abusos, tener una idea clara de la vida que quieren o que merecen y contar con las herramientas que necesitan para defender sus derechos. El futuro, los derechos y los beneficios que unos pierden al abandonar la enseñanza no desaparecen, se transforman en beneficios para otros: empleados que cobran menos, usuarios que no exigen sus derechos e infelicidad para muchas personas que convertirán en frustración un estrechamiento en su futuro que no pudieron elegir. El escritor Michael Ende publicó "Momo" en 1973. Una historia en la que aparecen unos hombres grises que se alimentan del tiempo de los demás y se lo fuman en enormes puros. Así los amigos de Momo, la niña que escucha, dejan de conversar, de convivir con los demás o llevar una vida tranquila. El 30 por ciento de los estudiantes españoles no saben que les darán su tiempo a otros, para que se lo fumen. Y el Estado, del que todos los ciudadanos somos accionistas, no debe permitir que los hombres grises sigan fumando. Y nosotros, tampoco.
LA PRIMERA PIEDRA

El embajador del Estado Vaticano en España, Manuel Monteiro, asegura que las declaraciones de Ben edi cto XVI sobre la propensión a la violencia de los musulmanes tenían el objetivo de ofrecer un diálogo “franco, sincero y con respeto mutuo”. Menos mal que el Papa estaba tendiendo puentes porque si su intención no hubiera tenido tanto talante regresaba el servicio militar obligatorio y todos nos íbamos a las cruzadas para obligar al “infiel” a darle la razón a Ben edi cto.
Con lo sofisticados y complejos que son los equipos de trabajo de los estadistas y los dirigentes políticos, hay que pensar que Ratzinger no lanza en sus discursos lo primero que se le viene a la cabeza. Por tanto, la inclusión de la frase en la que habla de la extensión violenta de la religión musulm ana no era gratuita, ni anecdótica, y estaba destinada a buscar un objetivo. Analizar las últimas piezas que ha movido el Vaticano en las últimas sem ana s puede permitir comprender sus objetivos y cuál ha podido ser su intención.
Recientemente, los estrategas del Vaticano han relanzado la campaña para que la futura Constitución europea, pendiente de resurrección, incluya en su preámbulo una mención a las raíces cristi ana s de este continente que durante muchos siglos no fue tan civilizado como hoy parece. Ya sabemos, por experiencia reciente, lo importantes que son los preámbulos constitucionales o estatutarios. Y el que no lo sepa que se lo pregunte a las elecciones anticipadas de Cataluña, del próximo 1 de noviembre.
Merece la pena pensar dónde están las raíces de Europa y si el cristianismo ha sido nuestra raíz más determinante. Si no lo ha sido la Grecia clásica, con su democracia, su res pública y su politeísmo; o esos hombres y mujeres de Atapuerca, que comenzaron a civilizar esta península sobre la que caminamos.
Las críticas a la implantación del cristianismo en la constitución europea no surgen únicamente por un espíritu laico si no por las evidencias históricas de la iglesia católica, que en muchos momentos de su historia no ha sido precisamente un ejemplo del amaros los unos a los otros.
La reacción de los islamistas, que han convocado para el próximo viernes intensas movilizaciones contra el Papa, es perfecta para la imagen pública del Vaticano. De ese modo tira la piedra, esconde la mano y aparece ante el mundo como “víctima”, una posición desde la que solicitar y reclamar, como ya están haciendo muchos obispos, que los gobiernos europeos lo defiendan y de algún modo lo representen.
La iglesia católica no puede tirar ni la primera piedra ni la segunda al reprochar el uso histórico de la violencia. Basta conocer cómo se desarrollo la conquista de América o leer un poco de documentación acerca de la Inquisición , sus métodos y su forma de eliminar a aquellos que construían o defendían argumentos que desde la ciencia y la racionalidad hacían crecer la razón en detrimento de la superstición. Después de sus declaraciones el Papa llama al respeto mutuo entre las religiones. Parece que se ha olvidado de pr edi car con el ejemplo.
AZNAR NO ENCUENTRA SU SITIO

José María Aznar me tiene bastante preocupado. Desde las elecciones de marzo de 2004 lo noto raro, como si no encontrara su sitio tras los ocho años en los que ocupó el Palacio de la Moncloa. Su vida como ex presidente le está resultando más complicada de lo quizás pensó. No sé si eso tendrá alguna relación con las mentirás que contó el 11 de marzo. Quizás es la culpa lo que azota su atormentado espíritu. Debe ser difícil haber sostenido una de las mayores mentiras de la historia y tener que pasear por el mundo con ese sambenito. Sobretodo después de lo que hizo por España y por el pueblo iraquí.
Estoy seguro de que después de la fotografía de las Azores se imaginaba a sí mismo presidiendo algún organismo internacional de primer orden. Pero antes de ocupar ese cargo quiso dejar a su heredero con una mayoría absoluta y la avaricia electoral le rompió el saco. Sus apariciones ante la opinión pública acostumbran a producirse gracias a sus excéntricas declaraciones y utilizo la palabra “ex céntricas” porque son afirmaciones muy alejadas del centro político, por el que sólo transitó de lejos durante sus años de gobierno en minoría, pactando con los nacionalistas vascos y catalanes. La situación de Aznar es complicada. Lo que ocurrió entre el 11 y el 14 de marzo de 2004 fue demasiado fuerte como para poder borrar esa mancha con la erosión que provoca el paso del tiempo y la velocidad con que fluye la información, que ha convertido el presente en algo extremadamente efímero. Una de sus opciones sería admitir públicamente lo que hizo y p edi r perdón a todas las personas a las que llamó miserables por dudar de su versión de los hechos. Y en especial, disculparse con las víctimas del atentado.
Eso quizás no le devolvería la imagen que mantenía la víspera del 11 M , pero sería un gran ejemplo para la política española el hecho de que alguien admitiera un error y se disculpara por él. Cuando un político piensa que todo el mundo está equivocado menos él algo está ocurriendo. Eso le pasó con la guerra de Irak y desde entonces sigue viendo monstruos donde hay molinos. Y lo que me temo es que sabe que son molinos, pero prefiere tratarlos como monstruos. Su última gran epopeya ha sido declarar en la televisión portuguesa que es mentira que su gobierno negociara con ETA. Parece que las decenas de periodistas que escribieron noticias y portadas sobre esa negociación tenían alucinaciones. Quizás debería plantearse el ex presidente denunciarlos por falsificación de hechos. Pero un hombre tan importante y que ha venido al mundo para una misión trascendental no puede perder el tiempo en salvar su honor.
Aznar prefiere d edi carse a la guerra santa, para la que parece designado por una divinidad. Ha exigido que los musulmanes pidan perdón por la invasión de un país llamado España, pero que no existía en el año 711. Ha reivindicado la labor de los Reyes Católicos que expulsaron a los “moros” y unificaron una parte de la península ibérica. Sin duda se trata de un hombre que no es de su tiempo; con la mentalidad que tiene debería haber nacido en el siglo XV.
Publicado el 27 de septiembre de 2006

