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16/11/2006
LUZ Y TAQUÍGRAFOS
Es una fotografía que he visto en muchas portadas de periódicos. Un político fuerza una sonrisa hasta poner en riesgo su esternocleidomastoideo. Está sentado junto a una gran mesa y rodeado de fotógrafos y operadores de cámara de televisión. Su sonrisa parece sacada de un estudio de diseño gráfico. Frente a él un notario sujeta con sus manos un documento y sonríe de una forma mucho más natural que el candidato.
En un momento el candidato firma el documento y su rostro resplandece, conocedor de que está protagonizando una imagen que yo y otros muchos miles de personas contemplarán en los m edi os de información. Artur Mas firma ante notario una promesa que hace a sus electores; que tras las elecciones catal ana s no pactará con el Partido Popular. Estratégicamente es una buena jugada para él y una puñalada para Josep Piqué. Mas se ofrece ante el electorado catalán de derechas como única posibilidad de un gobierno conservador y hace un llamamiento a los votantes del PP para que frenen al tripartito votándole a él. También habrá electores con una fuerte identidad nacionalista que duden entre el voto a CiU o el voto a ERC y una convergencia sin componente español le acabe siendo más atractiva.
Conociendo esa imagen me podría preguntar dónde han llegado los políticos que para tener cr edi bilidad necesitan un notario, porque los electores ya no creen en ellos. Pero no es así. Artur Mas ha conseguido con ese acto público que los m edi os de comunicación le entreguen ese mensaje a los electores conservadores que no quieren que se repita el tripartito y están dispuestos a “catalanizar” su voto popular o a derechizar su voto a esquerra.
El acuerdo notarial presentado por Artur Mas es sólo una cáscara, una estrategia personal que nada dice del contenido político que tendría un gobierno presidido por él. No dice nada de los 23 años de gobierno de Pujol en los que Cataluña se convirtió en una de las Comunidades Autónomas con menos gasto educativo. No dice nada de lo que hará con problemas como la inmigración o con la sanidad pública.
La profesionalización de la política y el marketing electoral han hecho que las formas sean más importantes que los contenidos. Artur Mas puede cumplir su acuerdo de no pactar con el PP, pero eso no dice nada de lo que ocurrirá con sus m edi das políticas. Sin embargo habrá gente que por esa forma decida darle su voto.
Lo que estaría muy bien por parte de Mas sería que si alcanza la presidencia de la Generalitat aplicara la misma transparencia con la que ha firmado el acuerdo notarial en su política diaria. Hace unos meses saltó el escándalo del 3%, las supuestas comisiones por obras públicas que CiU recibió durante años. Lo que parecía un escándalo de grandes dimensiones fue camuflado por una cortina de humo a la que contribuyeron todos los partidos con representación en el Parlamento catalán. Sería bueno que ese notario que ha trabajado en el inicio de la campaña lo hiciera todos los días, vistiendo de transparencia lo que en los últimos tiempos navega en la oscuridad. Luz y taquígrafos para una política sin sonrisas de diseño.
Publicado el 18 de octubre
A LA PAZ, PAZ Y AL VINO, VINO
Durante la mañana de hoy, la sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo debatirá en su plenario general la propuesta de dar respaldo al proceso de negociación entre el gobierno español y la banda terrorista ETA, tras la declaración pública de alto el fuego permanente que tuvo lugar el pasado 22 de marzo.
Dicen algunos dirigentes del Partido Popular que José Luis Rodríguez Zapatero no ha tenido suficiente con romper España y ahora quiere hacerlo con Europa, dividiendo en dos grupos a los parlamentarios que representan la soberanía de la Unión Europea.
El proceso de paz es un río revuelto al que todos los pescadores quieren echarle sus redes. Los dos partidos mayoritarios lo utilizan como una herramienta que puede dar y quitar en las próximas contiendas electorales.
Eso hace que sus actitudes no sean a menudo todo lo claras que deberían ser. Por parte del Gobierno se repite que la sociedad española no va a tener que pagar un precio político por el fin de la violencia etarra. Es difícil creer que dos partes de un conflicto se sienten a negociar sin que ambas vayan a beneficiarse en algo.
Desde el 11 de septiembre de 2001, día que hundieron las torres gemelas y en especial desde los atentados en los trenes de Madrid del 11 de marzo de 2004, el terrorismo de ETA estaba herido de muerte, criminalizado y perdiendo los pocos apoyos internacionales que podía tener.
El Gobierno español tiene que haber establecido una hoja de ruta en la negociación con ETA en la que los negociadores van seguramente unos cuantos pasos por delante de lo que los ciudadanos vamos conociendo. Tendrán que permitir que Batasuna se presente a las elecciones, tendrán que acercar los presos, reducir condenas y otras cosas que permitan que ese fin de la violencia se afiance.
Esa labor permitirá al PSOE trabajar electoralmente sobre una mayoría social que está evidentemente a favor del fin de la violencia y en ese sentido es posible que alcancemos las elecciones generales de 2008 y los españoles tengamos que elegir entonces entre un gobierno que negocia la paz, el del PSOE; y uno que no lo hace, el del PP. Dependerá de los negociadores el manejo de los tiempos, de las crisis y de los avances.
En cuanto al Partido Popular, la postura que ha elegido es comprensible e incomprensible. En los últimos años los dirigentes populares han vinculado estrechamente su identidad a los sectores conservadores de las víctimas del terrorismo de ETA. Pero lo que resulta sorprendente es que utilicen una serie de adjetivos descalificativos para unas maniobras de negociación que el gobierno de José María Aznar llevó a cabo en el año 1998. Y si entonces consideraban que era pertinente llevarlas a cabo, lo mismo debe parecerles en estos momentos.
De lo que se trata es de que las víctimas tengan apoyo de las instituciones y de que se construya una nueva situación en la que las armas no vayan por delante ni por detrás de las ideas. Y que cada cual se descubra de sus intereses de partido y compatibilicen la justicia con el bien común.
Publicado el 25 de octubre de 2006
¿LOS SABIOS DE TVE?
El pasado 28 de octubre Televisión Española celebró su 50 cumpleaños. Los festejos no fueron excesivos porque el ente anda camino de mandar a la calle a más de 4000 trabajadores y no está el horno para bollos. Son cinco décadas que forman parte de la memoria sentimental de millones de españoles, especialmente de los que parpadeamos durante años cuando ése era el único c ana l.
Cuando José Luis Rodríguez Zapatero llegó a la presidencia del Gobierno anunció a bombo y platillo un gran proyecto para remodelar la televisión pública, modernizarla y acercar sus contenidos a los de otros grandes c ana les europeos como la BBC. Para ello se creo un Comité de Sabios, formado por personalidades de la filosofía o las ciencias sociales que durante un tiempo reflexionaron acerca del papel que debe tener en una sociedad como la nuestra una televisión pública estatal.
El informe del Comité de Sabios hablaba de una programación de servicio público, que ocupara los espacios que las televisiones que dependen del libre mercado no quieren ofrecer, que se ocupara principalmente de temas culturales y sociales. Se trataba del proyecto de una televisión formativa, educativa y que fomentase el espíritu crítico de los ciudadanos.
Pero si uno echa un ojo a TVE 1 es difícil encontrar la filosofía del Comité de Sabios plasmada en la programación. Puedo encontrar programas como Mira quien baila, donde la nieta del generalísimo Franco se pone a sueldo de todos los españoles; o el programa Ankawa, donde Bertín Osborne con la repetitiva recua de famosetes se divierte unas horas, o Cine de Barrio, donde no se utiliza nuestra filmografía para ana lizar lo que fuimos y entender lo que somos, sino para hacer un folklore inspirado en el lado más casposo del día de la raza.
Realmente se trata de una televisión pública difícil de defender y mucho más si tenemos en cuenta que los costes causados por el mantenimiento de tanta caspa catódica han generado una deuda que supera los 7000 millones de euros. Una gestión tan deficitaria a cambio de una programación que en su horario de máxima audiencia ofrece contenidos cuyo único fin es atrapar una porción de la tarta publicitaria.
Recientemente en un desayuno informativo un periodista le preguntó a Carmen Cafarell, la directora del ente, si tenían pensado tomar algún tipo de m edi da contra los gestores que habían contribuido a crear esa gigantesca deuda.
La existencia del Comité de Sabios y de su informe parece más bien una coartada que un proyecto real. Ni siquiera ahora, que se prepara la regulación y la prejubilación de miles de trabajadores, se plantea que forma parte del proyecto de hacer una televisión pública que cumpla un servicio real a los ciudadanos.
En algunos países europeos se pagan impuestos especiales para las televisiones públicas. A mí no me importaría hacerlo si viera en TVE programas que ayudan a la gente a ensanchar su cultura; si viera en la televisión otras voces que a menudo no llegan a las pantallas. Rectificar es de sabios. Les estoy esperando.
Publicado el 1 de noviembre de 2006
UN BANQUERO Y UN SUEÑO
ADIOS VERDUGOS

22/11/2006
UN ANIVERSARIO PARA LA MEMORIA



