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OTRA MIRADA

¿CAMBIOS DE CRITERIO?

La primera declaración pública que escuche fue esta. “Si los únicos que han sido inflexibles, los únicos que han sido inmovilistas, los únicos que han sido irracionales; tomasen la decisión de dejar de serlo, de dejar la violencia, yo sabría ser generoso”.
Después oí otra, en la que la denominación de la banda armada había cambiado considerablemente: “Yo he querido que los ciudadanos españoles supieran y tengan muy claro que el gobierno y yo personalmente, he autorizado contactos con el Movimiento Vasco de Liberación”.
Y exactamente hace dos días, la última. “Muchos de nosotros no aceptamos ninguna negociación política ni mucho menos que ésta se vincule, ni indirecta ni directamente, con que ETA mate o deje de matar... Muchos de nosotros no queremos que los aprendices de brujo pongan en peligro el terreno que España, el Estado de Derecho y la propia sociedad española, con su movilización y su solidaridad, han ganado para la libertad. Sabemos lo que ha costado y no vamos a renunciar a ello.”
Aunque no lo parezca, las tres declaraciones han sido hechas por la misma persona. Se trata del ex presidente del gobierno José María Aznar. Las dos primeras fueron hechas en marzo y noviembre de 1998, cuando el gobierno del Partido Popular inició contactos con la banda terrorista y Aznar aseguró que “sabría ser generoso”. La última fue hecha el pasado lunes y en ellas aludió sin descanso a lo temibles y terribles que son las negociaciones que actualmente se están llevando a cabo para el fin de la violencia terrorista de ETA.
Viendo cómo Aznar inició negociaciones y cómo ahora califica las actuales de proceso de “sumisión y rendición a los terroristas”, hay cosas que no entiendo. ¿Por qué una negociación es buena cuándo él estaba dispuesto a ser generoso con los terroristas y mala cuando la gestiona otro partido? ¿Por qué si Aznar aumenta considerablemente las competencias de Cataluña, como hizo en el año 98, no se rompe España y sí se fractura si se aprueba un Estatut como el catalán?
La derecha española del Partido Popular, entre otras cosas, por sus estrechos vínculos con la Iglesia católica, conoce a la perfección las artes de la doble moral. Y está dispuesta a cargarse una negociación similar a la que ellos iniciaron, por el bien de sus exclusivos intereses electorales. Si no se ve su actual reacción desde ese punto de vista, resulta incomprensible que el ex presidente del gobierno, que no exigía entonces la entrega de armas y estaba dispuesto a tener como interlocutor a Herri Batasuna, monte ahora en cólera.
Hay que reconocer que no todos los cambios de criterio son negativos. En esa última intervención pública, Aznar aseguraba que “ETA lleva tres años sin matar”. El atentado del 11M ocurrió hace dos años y dos meses y medio. Parece que el ex presidente del gobierno ya ha reconocido la verdadera autoría de los atentados de Atocha. Y eso es positivo, aunque no sepamos cuánto tiempo le durará esa certeza.
Publicado el 28 de junio de 2006

LA INDISOLUBILIDAD DE LA NACIÓN

La Conferencia Episcopal española vuelve a la carga.  Y en estos días está debatiendo estos días la posibilidad de hacer público un documento acerca de sus preocupaciones y posibles soliciones sobre la unidad de España. Y eso sin que haya muestras palpables de que la península ibérica se esté resquebrajando. Lo que más o menos quiere decir que se trata de un acto de fe, aunque un acto que tiene bastante que ver con lo terrenal.
No deja de sorprenderme que los obispos y arzobispos se preocupen tanto por algo que no parece que tenga mucho que ver con el rescate de las almas. Y eso que a ellos los estatutos no parecen afectarles especialmente y menos en zonas como Cataluña, donde la enseñanza religiosa es una de las más subvencionadas de esta nación de naciones que llamamos España.
Como en las Sagradas Escrituras no se hace mención a España, ni a su unidad, tiendo a pensar que el motivo por el que la iglesia católica entra en asuntos políticos es para resolver sus intereses económicos. Precisamente en estás últimas semanas se está negociando, renegociando, la aportación que el Estado entrega cada año. Mientras eso ocurre, los funcionarios y los impresos de la Agencia Tributaria pasan el cepillo, en millones de declaraciones de hacienda, sin que la Iglesia tenga que moverse del sillón. Cada vez que un contribuyente marca el porcentaje de sus impuestos para la Iglesia; los obispos y arzobispos, preocupados por la unidad de España, están haciendo caja sin mover una pestaña y no se quejan de que el Estado se meta en sus asuntos.
Tampoco es mal momento hacerlo ahora, no sólo para presionar sobre la negociación, sino porque en pocas semanas aterrizará en nuestro suelo Benedicto XVI y unas declaraciones suyas acerca del problema territorial, aunque sea de refilón, pueden ser de gran ayuda para sostener sus privilegios, que incluyen entre otros la exención de impuestos como el IVA o el Impuesto de Bienes e Inmuebles, que pagan todos los hijos de vecino de este país a excepción de la iglesia, que posee en España miles de edificios por los que no abona el IBI a ningún recaudador municipal. Sinceramente, el porqué la Iglesia católica no paga esos impuestos parece mucho más interesante como tema de debate que la opinión que puedan tener acerca de la unidad de España.
Otra cosa bien triste es la identificación de la iglesia con las ideas más conservadoras, como si el discurso evangélico hiciera distingos entre los hijos de Dios, dependiendo del partido al que voten o a si se hayan abstenido o votado si o no en el referéndum de Cataluña.
Mientras los obispos y arzobispos católicos ibéricos de sotana negra discuten acerca del sexo de las naciones, en Estados Unidos, la Iglesia Anglicana ha nombrado a una mujer al frente de su organización. Se trata, por supuesto, de una iglesia que está mucho más situada en el presente que los altos cargos católicos españoles, preocupados por la vigencia, más de quinientos años después, del ideario de Isabel y Fernando, los reyes del tanto monta, monta tanto.
La iglesia siempre ha sido muy astuta a la hora de evitarnos a los hijos de Dios los distintos caminos de la perdición. Quizás la sucesiva aprobación de Estatutos de autonomía sea una operación orquestada con el diablo. Esperemos a ver si los obispos encuentran una solución para esto que llaman España. Entre otras cosas para saber qué es realmente. Algo que quizás sólo consiga verse con los ojos de Dios.

Publicado el 21 de junio de 2006

LEJOS DE LA REALIDAD

Hace unos días tuve la inmensa suerte de poder escuchar una entrevista radiofónica con José María Aznar, que hablaba desde el estado de Arkansas, al sureste de los Estados Unidos. En medio de su apretada agenda internacional, el ex presidente del gobierno, hoy líder mundial, quería aportar su visión sobre la sociedad española; la de un hombre que viaja sin descanso de un rincón a otro del planeta. Con esa laudatoria, enunciada por el entrevistador, no pude hacer otra cosa que poner mis cinco sentidos para escuchar la entrevista.
 
Aseguraba Aznar que es “un tremendo error” que el gobierno negocie con terroristas y que para derrotarlos no hay que pagar un precio político “por una paz falsa”. Inmediatamente, mi cerebro escaneó alguna de las informaciones que guardo en él y me recordó que en el año 1998 el gobierno Aznar había llevado a cabo negociaciones similares. En esos días, el gobierno popular contacto con el entorno de ETA y puso sobre la mesa la discusión acerca del acercamiento de los presos, lo que debe ser algo parecido a lo que los populares llaman un precio político, que hoy se niegan a pagar.
 
Todavía mis poros segregan estupor al pensar por qué una negociación llevada a cabo por el PP es una esperanza, como entonces titularon algunos periódicos afines; y una negociación llevada a cabo por el PSOE es “un tremendo error”. Tampoco entiendo que el ex presidente popular pueda rechazar en otros líderes políticos lo que él mismo hizo y no se genere un debate público que pudiera llegar a hacerle rectificar.
 
La derecha española sabe manejarse con gran soltura en el terreno de la doble moral. Eso quiere decir que tienen arte en decir que no se debe hacer lo que ellos mismo hacen. Este caso es preclaro, pero existen otros como las competencias que entregó a la Generalitat de Cataluña en sus años de gobierno, o las terribles acusaciones que lanzó hacia el PNV poco después de haber contado su apoyo.
 
Ya es hora de que la derecha se modernice, cambie métodos y abandone la estrategia en la que sus intereses electorales están en un lugar lejos de la realidad. Ojalá desaparezca la cultura política que lleva a los líderes populares a ese comportamiento infantil que consiste en que las cosas no se deben hacer si no las hago yo.
 
La política española necesita una derecha que abandone viejos tics y que deje de estirar la cuerda del miedo para aumentar una tensión en la que piensan que pueden recoger una buena cosecha electoral. Pero la cuerda se gasta y comienza a dar síntomas de ello. Cuando el próximo domingo, según anuncian las encuestas, gane el Sí en el referéndum del Estatut y Cataluña no se desprenda de la península ibérica comenzarán a cambiar las cosas. Si la negociación con ETA sigue adelante y se alcanza una paz que termine con el terrorismo, habrá más cambios. La derecha española ha construido su principal identidad política sobre una ficción, y ese tipo de proyectos políticos corren el peligro de ser derribados por la realidad. Así que como ven, tengo esperanza. Muchas más desde que vi la fotografía de Manuel Fraga con una visera en la que podía leerse “11-M, manipulación”. Menos mal que Aznar no la vio, porque estaba en Arkansas.
Publicado el 14 de junio de 2006

UN POCO DE CRISPACIÓN

El Departamento de Crispación del Partido Popular (no me extrañaría que existiera) está desarrollando estos días una frenética labor, tratando de obtener buenos resultados con respecto a los objetivos para los que ha sido creado. Las últimas declaraciones de los dirigentes populares dan sobretodo medida del arte que aprendieron, en sus años de gobierno, para que la sociedad no debata acerca de lo que realmente es interesante.
Las declaraciones de Ángel Acebes, en las que aseguraba que “el proyecto de ETA es el proyecto de Zapatero”, son el mejor ejemplo de su capacidad para crispar. Aumentar el nivel de ruido ante la opinión pública es una buena forma de que no se escuchen otras voces y otras ideas.
Parece mentira que un líder político de nuestro país sea capaz de realizar tamaña afirmación. Pero cuando un político dice algo así, no es gratuito. Detrás tiene que haber un objetivo, que en este caso podría ser, por ejemplo, el de calentar la manifestación del próximo sábado. Una manifestación que en su lema trata de saber la verdad acerca del atentado del 11-M. Debería tener cuidado Acebes, que en aquellos días era ministro del Interior, por si la manifestación se volviera contra él, que es quien ocupando el cargo que ocupaba, debería saber más cosas acerca de lo ocurrido.
Si se revuelve el río es para ganar algo. Y Esperanza Aguirre no iba a ser menos. Sus afirmaciones de que el PSOE tiene que pedir perdón por haber sido marxista antes de 1979 y haber estado vinculado por ello a la dura represión estalinista son de coleccionista, o por lo menos de la próxima edición de la Antología del Disparate.
La señora Aguirre milita en un partido fundado por el ministro de una dictadura que apoyó y condecoró a Adolf Hitler, que obligó a exiliarse a decenas de miles de españoles y que fusiló a más de 50.000 personas tras el final de la guerra civil. Pero tengo la impresión de que ella tiene otro objetivo. En su carrera para quitarse de en medio a Mariano Rajoy necesita ese tipo de pértigas, para saltar de la realidad informativa de Madrid a toda la opinión pública del Estado. Y qué mejor que decir una burrada de esas dimensiones para aumentar el alcance de sus palabras. Así, su nombre, que es además una marca política, circula entre los consumidores de líderes políticos, que pueden verla como una futura habitante de La Moncloa.
En el edificio de la calle Génova, donde se encuentra la sede central del Partido Popular, debe haber toda una planta dedicada a la fabricación de crispación. Debe ser una máquina muy grande que envía una especie de ondas sísmicas a los cerebros de sus líderes. La máquina lleva dos años funcionando a su intensidad máxima. Si yo trabajara en ese edificio la llamaría el calamar. Porque cuando las cosas no salen como se espera en un debate sobre el estado de la nación o el gobierno toma medidas que aumenta su popularidad, empieza a manar del mecanismo una tinta en forma de palabras o declaraciones que esconden el hecho del que quieren escapar y así la opinión pública deja de ver el momento en el que fracasaron o se equivocaron y el debate consiste en si sus declaraciones han sido sacadas de contexto. Lo que sí es cierto es que el PP está fuera de contexto; en uno que ocurrió hace doscientos o trescientos años.
Publicado el 7 de junio de 2006

¿QUÉ ESTADO DE LA NACIÓN?

Cuando escucho a los políticos hablar en el debate sobre el estado de la nación siento que muchos de nuestros diputados viven en otro mundo; distante y lejano del que nos rodea a las personas normales y corrientes. Ellos construyen una agenda política a su medida. Eso quiere decir que eligen una serie de temas de discusión con los que pueden ganar votos o quitárselos a sus contrincantes. Trabajan para producir y reproducir poder, para mantener su escaño, para aumentar sus cargos públicos y muchas veces el escaño se convierte en una niebla que les impide ver la realidad.
No estaría mal, aunque para algunos suene demagógico, que los diputados tuvieran que vivir unos días con una pensión mínima, en la casa de un parado de larga duración o en el andamio de uno de esos hombres a los que su jefe no les proporciona las medidas de seguridad suficientes como para saber que por la noche volverán a casa.
Les pongo un ejemplo de cómo reacciona la clase política y cómo elige cuáles son las cosas que deben preocuparnos y cuáles no. Ahora andan muy sensibilizados con los asaltos de chalets en Cataluña. El efecto causado por esa preocupación ha hecho que el gobierno anuncie la creación de una brigada de inteligencia especializada en crimen organizado, que se prevean aumentos de penas para ese tipo de delitos y que cientos de guardias civiles sean desplazados a Cataluña para garantizar la seguridad de esos dueños de chalets.
Vayamos a otro caso. El año pasado fallecieron en España cerca de un millar de trabajadores en accidentes laborales. El gobierno no anunció la creación de una brigada de inteligencia para combatir a los empresarios que no ofrecen a sus trabajadores las necesarias medidas de seguridad. Tampoco se anunció el endurecimiento de las penas para ese tipo de empresarios. Ni se enviaron unos cientos de guardias civiles a hacer una redada en alguno de los polígonos industriales que hay por España donde los trabajadores se juegan la vida.
Es difícil entender el mecanismo por el cual un gobierno reacciona ante uno de esos problemas y no ante otros. Una razón podría ser la lógica. Hay una lógica en el poder que dice que un trabajador puede morir y que su muerte  es menos importante que otras muertes. También hay una lógica en el poder que dice que una persona que posee un chalet no puede vivir preocupada por si una banda de forajidos quiere asaltar su propiedad. Los dos problemas merecen una solución, pero la reacción de las instituciones es mucho más contundente en un caso que en el otro.
Los políticos construyen nuestras preocupaciones, pero lo mejor sería que las suyas sean las mismas que las de los ciudadanos. Mientras se debate el modelo de Estado miles de personas viven con pensiones vergonzosas, miles de jóvenes de familias económicamente desfavorecidas dejan los estudios para convertirse en mano de obra barata, miles de mujeres conviven aterrorizadas con sus maridos por miedo e inseguridad, la vivienda es inaccesible para los que deben pagarla durante media biografía, unos cuantos banqueros obtienen los mayores beneficios de su historia, etc, etc,… Cuanta más realidad de los ciudadanos haya en el debate sobre el estado de la nación, más soberanía del pueblo habrá en nuestra democracia. Amen.
Publicado el 31 de mayo de 2006

TENEMOS UN PLAN

TENEMOS UN PLAN

Emilio Silva Barrera

 

Los cayucos siguen llegando a las costas canarias. A lomos de la desesperación miles de subsaharianos huyen despavoridos de sus frágiles o inexistentes economías en busca del sueño europeo. Es curioso cómo nos muestran las televisiones sus miradas atemorizadas, sus rostros derramando el final de un sueño truncado por la vigilancia aduanera. Simplemente un fragmento de sus vidas, el de la captura, el del fracaso de su intento por llevar una vida más o menos parecida a la nuestra.

 

Qué buena función social cumplen esas informaciones; para los parados, para los humildes, para los que cobran ínfimos sueldos pero en euros, para los pensionistas, para los no accionistas, para los que tienen dejar que un banco secuestre su futuro a punta de hipoteca. Qué bueno es ver a esos seres humanos, desesperados por acceder a los trabajos que no queremos, que no aceptamos, que rechazamos. Qué bueno para que nos resignemos, para que nos conformemos, para que no exijamos ni reclamemos. Nada como la visión de esos cientos de hombres y mujeres desesperados, enajenados por la miseria, navegando de la mano de muerte, para no pedir ese aumento, para no exigir ese descuento, para sentir que de qué me quejo.

 

Pocos reportajes veo acerca de la miseria en sus países, del por qué de tanto riesgo para escapar de ella, de la historia de una Europa colonial que utilizó sus recursos, incluidos los humanos, para construir este paraíso del consumo al que ellos tratan de acceder. No veo nada que nos pueda hacer sentirnos responsables, culpables, vinculados a su miseria; nada que pueda permitir interpretar que se suben a esos cruceros sin lujo porque un día nuestro continente, nuestra Europa, arrasó con su futuro, es mismo futuro que ahora intentan encontrar por estas tierras.

 

Y Europa mira hacia otro lugar, hacia otros negocios. Instala en África industrias hipercontaminantes, hiperasfixiantes; como si quisiera estrangular el estrecho cuello de su futuro y negarles una de las pocas cosas que les permiten sobrevivir; el aire. Europa no ha devuelto ni una pequeña parte del botín conquistado, del futuro arrebatado. Europa, la elegante Europa, deja morir de hambre a miles de hombres y mujeres a los que empezó a dejar de morir de hambre hace muchas décadas. Europa instala vallas, patrullas, satélites; pero envía a África lo justo para que sus ciudadanos y su clase política tranquilicen su conciencia.

 

La respuesta política es pomposa, desbordada, con un nombre sacado de la chistera del lenguaje; el Plan África. Con ese nombre parece que van a solucionarse los problemas de ese continente africano. Nada como tener un plan en la vida y mucho mejor tenerlo en la política; un Plan Badajoz o un Plan Marshall. Tener un Plan es una respuesta mágica a un problema, el principio de una gran solución, aunque no sirva de nada.

 

El verdadero plan del gobierno debería consistir en entregar ya el 0,7%, ayudar a eliminar la corrupción de sus gobiernos y conseguir que esos países se desarrollen. El objetivo debe ser que puedan vivir con bienestar en sus países y no que dejen de llegar a los nuestros. Y para eso hace falta más pan y menos plan.


Publicado el 24 de juniio de 2006  

IGUALDAD SIN IGUALDAD

La semana pasada se conoció la noticia de que el 72 por ciento de los hijos de los obreros españoles deja de estudiar tras la ESO. Un porcentaje que se reduce al 15 por ciento en el caso de los hijos de los profesionales liberales. Estos datos deberían preocupar extremadamente al gobierno y haber provocado un debate social acerca de la falta de igualdad de oportunidades que hay en nuestra sociedad.

No se trata de un dato nuevo; hace muchos años que los sociólogos expertos en educación han analizado ese fenómeno. Uno de los principales expertos internacionales, Pierre Bourdieu, estudió durante años ese fenómeno, entrevistando a miles de familias obreras en los suburbios franceses. En sus conclusiones explicaba que los hijos de los obreros tienen la situación sociolaboral de su padre como horizonte para su futuro. De ese modo los jóvenes estudiantes hijos de obreros desarrollan un sentimiento de inutilidad hacia la educación. Calculan que estudiar les va a servir para tener un trabajo poco cualificado y mal pagado y abandonan su interés por los estudios. A eso debemos añadir el hecho de que en una sociedad que sacraliza el consumo, los hijos de los obreros tienen la necesidad de trabajar antes para participar de la sociedad del consumo.

Ojalá no existiera, pero es un hecho que la sociedad capitalista “necesita” producir mano de obra barata y que este tipo de mecanismos sociales “seleccionan” a las personas que ocuparan esos puestos de trabajo. También es evidente que las instituciones deben intervenir en esos procesos y generar mecanismos correctores para generar igualdad, algo de lo que habla el Artículo 1 de nuestra Constitución y que leído conociendo esa realidad parece un eufemismo.

Si a eso la añadimos un modelo de enseñanza que fomenta la separación académica entre ricos y pobres, estamos fotografiando una sociedad donde un alto porcentaje de los individuos nacen con su futuro socioeconómico marcado; algo así como una falta de oportunidades hereditaria. Una tremenda injusticia que debería escandalizarnos en una democracia que además de garantizar un hombre un voto, debería permitir para cada ciudadano un buen futuro.

En una democracia que quiere escribir su nombre con letras mayúsculas no deberían existir ciudadanos discriminados desde el momento de su nacimiento. Todo lo contrario; la soberanía del pueblo debe ser política, económica y social. Pero no es así y esa debería ser una importante preocupación para nuestra clase política.

La ruptura de esa dinámica social pasa estrictamente por los centros de enseñanza. Es preciso educar en la igualdad y enseñar a esos jóvenes que el avance en el sistema educativo les puede permitir acceder a mejores oportunidades sociales. Se debe trabajar para que los hijos de esos obreros entiendan que la educación es una forma de mejorar sus expectativas sociales y así animarles a seguir adelante. Eso mejorará la formación de toda la sociedad y beneficiaría a todo su conjunto. Y también mejoraría la democracia, que debe ser un concepto amplio, más allá de derecho al voto, que garantice entre otras cosas la igualdad de oportunidades.

TENGAMOS LA TREGUA EN PAZ

El camino hacia el abandono de las armas por parte de ETA tiene amigos y enemigos. Pocas horas ha tardado el presidente de la Comunidad Foral Navarra, Miguel Sanz, en pedirle a Zapatero que detenga el proceso de paz como consecuencia de los últimos actos vandálicos que podrían estar relacionados con el entorno de Batasuna. Parece mentira que a estas alturas de nuestra historia, el presidente de una comunidad autónoma pida la detención de un proceso de pacificación. Podría por ejemplo, pedir que dejen de fabricarse coches, cada vez que la Dirección General de Tráfico hace público su balance de accidentes.

La derecha española camina por el filo de su propia historia. Por un lado tiene que defender la identidad que ha construido en los últimos años, alimentada fundamentalmente por el conflicto vasco. Por otro, tiene que sumarse a un proceso deseado por una cualificada mayoría de los ciudadanos. Mariano Rajoy se enfrenta a una difícil papeleta; apoyar un proceso que le aleja de sus aspiraciones presidenciales, algo así como hacerse la oposición a sí mismo.

La petición del presidente navarro de interrumpir el proceso es un verdadero escándalo. Entre otras cosas porque demuestra que el Partido Popular se está mordiendo la lengua. Cuando hace unos meses convocaron una de sus macromanifestaciones con el eslogan: “No en mi nombre”; estaban intentando que el gobierno no abriera una negociación que va a transformar profundamente nuestra realidad sociopolítica.

Tras el anuncio de la tregua el partido de Rajoy comenzó a protestar por la posibilidad de que se pague lo que llaman “un precio político” a ETA. Numerosos diputados populares se han rasgado las vestiduras ante la posibilidad de que la negociación incluya contrapartidas.

Cuando escucho esas cosas no puedo hacer otra cosa que pensar en nuestra última transición a la democracia. Los demócratas negociaron con las autoridades de una dictadura formada por miles de asesinos, torturadores y violadores de los derechos humanos. A cambio de “permitirnos” tener democracia los políticos que negociaron la transición pagaron un precio político; ninguno de esos delincuentes ha sido reclamado por la justicia para dar cuenta de sus delitos. Se trata sin duda de un gran ejemplo de negociación con “banda armada” que ha sido exportado y alabado por la mayoría de nuestros líderes políticos. Otra cosa es que alguien pensara o piense que la dictadura no debería haber pagado el precio político de permitir que llegara la democracia.


Los dos actos vandálicos del pasado fin de semana y la condena de Batasuna podrían formar parte de una hoja de ruta. Es posible que el proceso vaya muy por delante de lo que conocemos y los negociadores estén hablando hoy de cosas que vamos a saber dentro de algunas semanas. La repercusión de este largo proceso es evidente. El gobierno crece en las encuestas. Y Mariano Rajoy tiene que tener cuidado para no llegar a las elecciones generales de 2008 como si se trataran de un referéndum en el que el electorado tuviera que elegir entre la paz o el conflicto.

 

Publicado el 26 de abril de 2006

LA AMENAZA FANTASMA

El señor del imperio, George W. Bush, ha puesto sus ojos en otro país que amenaza con destruirnos a todos. En esta ocasión se trata de Irán, que va a utilizar la energía nuclear para encender bombillas, poner en marcha la batidora o utilizar un cepillo de dientes eléctrico para mantener su higiene bucal. Y ahora, los iraníes, han tenido la inmensa fortuna de que el país más poderoso de la tierra se haya fijado en ellos.
En el mundo hay en funcionamiento más de 400 reactores nucleares. El hecho de que los argentinos o los eslovenos utilicen plutonio enriquecido para sus centrales no los convierte en una amenaza para la humanidad. Debe haber algún rasgo que hace que Bush se sienta atraído por unos países y no por otros. Posiblemente tenga que ver con lo que hay dentro de esos países. Argentina tiene buena carne y Eslovenia mucho carbón, pero por lo visto eso no es atractivo. En cuanto a Irán, simplemente petroleo.

Mi intención no es contradecir a los analistas internacionales que aseguran que George W. Bush es corto de miras, pero creo que están equivocados. El actual habitante de la Casa Blanca ha tenido una de las ideas más brillantes de la historia de la humanidad. Consiste en invadir países con los recursos suficientes como para correr con los gastos de ser invadidos. Una forma de conseguir un botín de guerra sin que se note.

Para que me entiendan lo mejor es que ponga un ejemplo. El ejército USA invade Irak en nombre de la democracia. Y a cambio de permitir a los iraquíes morir en un atentado en la cola de un colegio electoral, me llevo todo su petróleo para pagar la factura. Eso sí, me llevo miles de soldados para que la factura sea tu producción de petróleo de un montón de años.

Y como buen empresario, el presidente Bush quiere ahorrar costes, para mejorar sus beneficios. Así que después de anunciar que unos cuantos miles de marines volverían a casa, se le ha ocurrido la brillante idea de que en su regreso a las tierras del Tío Sam, vuelvan a defender la seguridad de Occidente e invadan otro país cuya principal materia prima no es la carne ni el carbón.

Las autoridades iraníes han anunciado su programa nuclear en el mejor de los momentos. Y casualmente, el mercado del petróleo, controlado por las grandes distribuidoras norteamericanas, ha vuelto a disparar sus precios. Cuanto más paguemos por un barril, mejor amortiza el gobierno USA la liberación de Irak. Ahora podría añadir que desde que los chicos de Bush gestionan el petróleo iraquí el precio está por las nubes y eso no puede ser una simple casualidad.

Lo que parece especialmente triste es la obediencia con la que el resto de la comunidad internacional cierra los ojos y recrimina a Irán que tenga una central nuclear. Hasta ahora, el único país que ha utilizado una bomba nuclear contra población civil ha sido EEUU, el paladín de la lucha contra las armas de destrucción masiva. Por cierto, es el mismo que en nombre de la libertad ha encerrado a cientos de presos en Guantánamo, violando los derechos humanos básicos. Para entender lo que hace el amo del imperio nada mejor que la sabiduría popular: dime de qué presumes y te diré de qué careces.

Publicado el 19 de abril de 2006

LA INCÓGNITA BONO

Unos me llamarán paranoico, otros escéptico, pero para mí la dimisión del Ministro de Defensa, José Bono, ha estado sembrada de incógnitas. De muchas incógnitas si tenemos en cuenta que el día anterior al anuncio Zapatero no asistió a la cena de gala que los Reyes ofrecían al secretario general de la ONU, Kofi Annan.

Si atendemos a las declaraciones de Bono, no parece del todo coherente que su carrera política termine por su imposibilidad de conciliar su vida familiar con su vida laboral. Quizás algún día sepamos cuál ha sido realmente el detonante de su abandono del ministerio. Cuesta entender que un hombre tan amante de la atención pública haya decidido salirse de la foto por algunas divergencias con la línea política del presidente Zapatero. Hay tres momentos en la historia reciente en los que he oído hablar de la familia de Bono. Uno de ellos fue hace unos tres años, cuando posó con una hija que había adoptado en las grandes revistas del corazón. Recuerdo que escuché la noticia por la radio y me pareció toda una operación de imagen. El entonces presidente de Castilla-La Mancha había adoptado una niña y quería contárselo al mundo. Personalmente prefiero a las personas que realizan las adopciones con discreción. La segunda vez que oí hablar de sus hijos fue cuando se autoconcedió una medalla, pocas semanas después de llegar al Gobierno. Ante las abundantes críticas decidió devolverla porque uno de sus hijos estaba triste después de ver o saber que se habían burlado de su padre en el programa Crónicas Marcianas. Y la tercera ha sido ahora, como si de nuevo se parapetase tras su familia para justificar su decisión.

Bono ha sido en muchas cosas un ministro vedette desde su toma de posesión, en el Ministerio de Defensa, acompañado por un ejército de oficiales de la farándula patria. Recuerdo su aterrizaje en helicóptero en el césped del Santiago Bernabéu, cuando se produjo el accidente de los Cougar en Afganistán. Bono se ha alimentado de flashes durante muchos años y cuesta creer que alguien tan “fotómano” se desenganche de la noche a la mañana.

Su marcha del ministerio supone un gran cambio de imagen del Gobierno. Bono era el anzuelo perfecto para pelear en el espacio ocupado por esos electores que son potenciales votantes del PP o del PSOE y ha sido, durante sus años de presidente autonómico, uno de esos políticos del PSOE que obtenían numerosos votos de la derecha. Algo así como el ex alcalde de A Coruña, Francisco Vázquez, con quien compartía su pasión vaticana y la exhibición de sus creencias religiosas.

La decisión de Zapatero de no incluir otro Bono en el Gobierno puede querer decir que se siente con fuerzas suficientes como para eliminar ese dique de contención de votos de centro y derecha que era el político castellano manchego. Se trata sin duda de una apuesta por un gobierno más progresista, sin voces discordantes hacia su política autonómica o la negociación con ETA, bendecida por el Papa, la semana pasada, poco después de la visita al Vaticano de la vicepresidenta del gobierno, María Teresa Fernández de la Vega.

La política tiene muchas lecturas y a menudo hay borrones que impiden interpretarla entre líneas. La marcha de Bono del gobierno está sembrada de incógnitas y quizás en algún tiempo sepamos hasta qué punto se fue o le invitaron a cambiar de aires.

Publicado el 12 de abril de 2006

¿QUÉ TENDRÁ MARBELLA?

Me comentaba un amigo si fue o no casual el hecho de que la redada del Ayuntamiento de Marbella se hubiera producido la noche antes de la aprobación del Estatut en el Congreso de los Diputados. Añadía su incredulidad ante tal coincidencia y explicaba los efectos que ha producido la convivencia de ambas noticias en los medios de comunicación. Decía que seguramente las detenciones se podían haber llevado a cabo una semana antes o una después y se preguntaba hasta qué punto la orden de iniciar las detenciones podía considerarse una decisión política. Entre otras cosas porque frenaría el desgaste electoral que el Estatut le ha causado al Gobierno.

Sea o no casual, lo ocurrido en el Ayuntamiento de Marbella es tan excesivo como los culebrones que han vivido sus alcaldes desde que Jesús Gil se hiciera con el bastón de mando. Según la policía los delincuentes municipales se han apropiado de 400.000 millones de pesetas. Es difícil pensar que alguien pueda ser capaz de robar tal cantidad de dinero. Muchas horas extras han tenido que hacer para amasar esa ilícita fortuna.

Marbella tiene 117.000 habitantes. Todo ese dinero apropiado, que en buena parte procede del sector inmobiliario, lo están pagando miles de habitantes de Marbella y veraneantes que han financiado indirectamente a los corruptos a través de sus hipotecas. No estaría mal que cuando se recupere toda esa pasta, se repartiera entre los habitantes de la ciudad. Si así se hiciera, cada uno de ellos recibiría la cantidad de 20.400 euros.

Una de las cosas más sorprendentes del caso es que la actividad ilícita de los detenidos era en cierto modo de dominio público. Es triste pensar que la pasividad de personas e instituciones pudiera estar dejando que los delincuentes municipales hubieran convertido la alcaldía en la cueva de Alí Babá.

Los poderes públicos implicados tienen la obligación de actuar de forma ejemplar, entre otras cosas para que los ciudadanos puedan recuperar su confianza en las instituciones municipales. En ese sentido, hay que esperar que las consecuencias de un delito de esas dimensiones no sean las de pasar tres o cuatro años en la cárcel y salir luego a disfrutar del dinero bien escondido que no ha podido ser incautado por la policía.

Otra de las cosas que pone en evidencia el escándalo marbellí es la posibilidad de llevar a cabo otras políticas con respecto a la vivienda. Si esos miles de millones han salido del mercado con rumbo a bolsillos ajenos, eso quiere decir que el precio de la vivienda podría se menor y más asequible para las personas que la necesitan.

El susto ha debido calar en otros ayuntamientos. Si invirtiera en bolsa metería mis ahorros en trituradoras de documentos. Sus cadenas de producción no deben dar abasto. Ironías aparte, ya es hora de que los políticos abandonen la seducción de ladrillo y no intervengan en un mercado para añadir al coste de la compra de una vivienda la comisión del político de turno. A ver si con el crédito que voy a estar pagando treinta años hay un concejal que se está comprando un tigre, dos helicópteros, treinta carruajes, 133 caballos pura sangre, 100 toros de lidia o decenas de fincas; tal y como ha hecho José Antonio Roca, el encarcelado Asesor de Urbanismo del Ayuntamiento marbellí.

Publicado el 5 de abril de 2006

SIEMPRE NOS QUEDARÁ PARÍS

Mientras nuestra juventud organiza macrobotellones y reivindica su derecho a realizarlos, otros jóvenes, un poco más al norte, en Francia, se preocupan de su futuro y hacen esfuerzos para que sus derechos y oportunidades sociales no mengüen. Entonces, ¿qué es lo que diferencia dos juventudes con problemas similares y respuestas tan dispares?

La revolución francesa que trató de conquistar la igualdad, la libertad y la fraternidad inició en el país galo un proceso sociopolítico destinado a convertir a sus habitantes en ciudadanos. Los efectos de la Ilustración transformaron la mentalidad de los franceses de modo que interiorizaron sus derechos y asimilaron que la participación social y política era una forma de garantizarlos.

Desde aquel 1789, han sido muchas las ocasiones en las que los jóvenes franceses han llevado a cabo movilizaciones. Eso les ha permitido acumular una experiencia que les permite enfrentarse a los abusos del poder. Varias reformas laborales han sido abandonadas por los políticos que las idearon tras enfrentarse a la respuesta social de una juventud consciente de que tiene unos derechos básicos nacidos del espíritu de aquella revolución.

La juventud española tiene los mismos problemas pero su respuesta nace de la falta de conciencia de que su participación social y política podría cambiar sus condiciones de vida. Algo ha ocurrido en nuestra sociedad para que las reivindicaciones de los jóvenes tengan más que ver con el ocio que con el negocio. La aceptación generalizada de condiciones laborales cercanas al trabajo basura tiene que ver sin duda con nuestra falta de “revolución francesa” y con el arrastre de un pasado que ha tenido como consecuencia una generalizada resignación.

La cultura, que es la forma con la que vemos la realidad y nos relacionamos con ella, está en la raíz de esa falta de respuestas. Mucha influencia procede de una mentalidad monoteísta. La incapacidad de la sociedad española para que dos valores convivan y no sean antagónicos es manifiesta. Como si luchar por unas buenas condiciones laborales fuera incompatible con realizar un macrobotellón o llevar a cabo manifestaciones como las que ocurrieron hace algunos años cuando el ayuntamiento de Cáceres adelantó la hora de cierre de los bares.

Nuestra historia reciente está sin duda en la raíz del problema. La cultura generada por la dictadura franquista, con ayuda de la Iglesia católica, ha generado un sentimiento colectivo de resignación y de aceptación del destino, es decir, de las relaciones de poder, como algo que condiciona nuestras vidas por una voluntad a la que nos debemos someter.

Los jóvenes españoles deberían tomar conciencia del poder que tienen y no utilizan; algo que sí hacen los franceses. Ellos pueden modelar la sociedad en la que quieren vivir y para ello es fundamental que entiendan que una persona puede tener un trabajo digno y bien pagado y largarse a un botellón disfrutando de unos derechos que mejoren su calidad de vida.

Publicado el 29 de marzo de 2006

DECIR ADIÓS


En recuerdo de Palma Granados

Estaba sentado, leyendo en un jardín, bajo las ramas de un frondoso castaño y apareció ella.
-Buenas tardes -le dijo.
-Buenas- contestó sin levantar la mirada.
-Parece que no sabes quién soy -dijo ella.

Colocó un dedo a modo de marcapáginas y levantó la mirada. Al reconocerla sintió un estremecimiento, cerró el libro y lo dejó en un extremo del banco.
-¿Eres mi Vida? -le dijo él.
-Exacto -respondió ella.-

Y ha llegado el momento.Él sintió un nudo en la garganta, una angustia infinita que recorrió su cuerpo.

-Ha llegado la hora de que lo hagas -dijo ella.

Él se la quedó mirando con un gesto dibujado por la tristeza; sus ojos comprimidos, su respiración agitada, sus latidos desbocados, galopando a lomos de la desesperación.

-¿Ya no podré dormir nunca más a su lado, ser feliz simplemente por tenerla cerca, despertarme por la noche y sentir que está ahí, conmigo, que no ha elegido otro lugar en el mundo para hilvanar sus sueños, otro lugar a más de un milímetro de mí?

Su Vida asintió pero él continuó hablando, como si tratara de alejar ese momento.

-¿Ya no podré abrazarla y cerrar los ojos mientras siento que su cuerpo y el mío forman parte del mismo talló del amor, y besarla en el cuello, y sentir sus manos en mi espalda, como dos estrellas que se hubieran posado en un rincón del cielo?

Su Vida asintió de nuevo y él continuó hablando, sentado en el banco.

-¿Eso quiere decir que nunca más podré mirarla y sentirme invadido de felicidad mientras sus ojos me miran con destellos, mientras su mano se posa en mi pierna y la acaricia; o que me diga que me quiere mucho, que nunca ha tenido tanta suerte como el día en que el destino me puso en su camino?

Su Vida asintió de nuevo, pero esta vez se levantó inquieta, mientras él trataba de no moverse de donde estaba sentado y continuaba hablando:

-¿Ya no podré besarla, navegar por su boca, y sentir que no importa el mundo, que el universo se reduce a la sensación placentera de sentir que juntos somos uno?

Su Vida asintió y le cogió por el brazo, para hacer que se levantara de una vez. Él se levantó, pero antes de dar un solo paso volvió a preguntar.

-¿Nunca más podré dedicar mi existencia a hacerla feliz, a decirle que es el ser humano más hermoso que he encontrado en mi vida, que su fragilidad y su sensibilidad me hacen quererla todavía más, que su forma de luchar por la vida es la causa más grande que podré encontrar a la que dedicar mi tiempo, mis sueños y mis anhelos?

Su Vida asintió, pero esa vez le cogió del brazo y le hizo ponerse a caminar. Él, como si no quisiera ver lo que estaba pasando, como si no quisiera aceptar lo que le esperaba, lo que se le precipitaba, siguió hablando, ajeno a la realidad.

-¿Y nunca más podré mirar sus manos, observarla en silencio, sentir que con su sola cercanía la felicidad florece en mí, me llena de vitales emociones. Ya no podré mirarla a los ojos y decirle que la quiero, que la vida sin ella para mí no será vida?

Su Vida, enojada, le dijo:

-No te hagas más preguntas. Ella ya no está. Sólo tienes que decirle adiós y empezar de nuevo.

Publicado el 22 de marzo de 2006

NUESTROS APARATOS

Decía el pensador canadiense Marshall McLuhan que toda la tecnología que utilizamos con energía eléctrica es una prolongación de nuestro sistema nervioso. Eso quiere decir que la televisión, el ordenador, la bombilla del baño o nuestro teléfono móvil son prolongaciones de nuestra red neuronal.

Mucha de la tecnología que ha creado el ser humano está destinada a erradicar sus miedos. La luz, para huir de la oscuridad; el teléfono, para desterrar la soledad; y la máquina de rayos x para ver más allá de nuestra mirada.

El mundo que estamos creando se parece demasiado a nuestros miedos y fantasmas. Con la velocidad reducimos las distancias, con el teléfono móvil podemos tener localizados en todo momento a nuestros seres queridos… Ese sistema nervioso externo que hemos creado está matando al individuo que hay en nosotros y convirtiéndonos en otra cosa. Cada vez estamos más conectados, interconectados, formando una red.

Otra de las curiosidades de este fenómeno es la relación de dependencia que establecemos con la tecnología. La vida nos parece imposible sin nuestros aparatos. Somos incapaces de apagar el teléfono móvil, aunque sea para dormir y a pesar de que en casa hay un teléfono fijo con el que nos pueden localizar. Miles de personas se duermen escuchando la radio, incapaces de conciliar el sueño sin un estímulo externo. Vivimos el espejismo de conquistar una independencia que es exactamente lo contrario.

Según la visión occidental del mundo, y adaptando el principio de McLuhan, los países desarrollados son aquellos que tienen un sistema nervioso exterior más complejo. Eso quiere decir que el hombre más dependiente de la tecnología es el ser supremo de la humanidad. Y según esa cultura occidental, los hombres que sólo dependen de las realidades objetivas (comer, dormir, amar, reproducirse) son inferiores, subdesarrollados.

El clímax del sistema nervioso exterior al hombre es la energía nuclear. Una central nuclear puede poner en funcionamiento miles de neuronas tecnológicas. Un arma nuclear porque puede destruir todo lo que nos rodea, incluso destruirnos a nosotros mismos.

Los países en la actualidad se miden por la complejidad de su sistema nervioso externo. En estos momentos el sistema nervioso norteamericano es el más potente del planeta. Por eso George Bush se preocupa de que los países que él considera enemigos no accedan a la energía nuclear para que desarrollen sus neuronas externas.

Alguien ha decidido que Irán no puede tener un sistema nervioso más complejo. Esa fue la excusa para invadir Irak y así están las cosas. El único país que se ha atrevido a matar a miles de personas con una bomba atómica es el que decide quién tiene derecho o no a ese tipo de armamento. No sé porqué un hombre como Bush, que ha iniciado una guerra con miles de muertos, tiene más derecho a que su sistema nervioso decida sobre la vida o la muerte de cualquier persona del planeta. Y no lo digo por el del número de neuronas cerebrales que acostumbra a utilizar.

Publicada el 8 de marzo de 2006

RABOS DE PASA

Cuando se me olvidaba algo, y por mucho que intentaba recordarlo no lo lograba, mi abuela siempre me decía lo mismo: “Rabos de pasa”. Según la tradición popular ese era el sencillo remedio contra los olvidos. Con ingerir unas cuantas hebras secas de uva el cerebro alcanzaba la precisión del disco duro de mi ordenador.

La sociedad española tiene graves problemas de memoria y aunque son miles las hectáreas dedicadas al cultivo de la uva, harían falta muchas más cosas que todos esos rabos de pasa juntos para solucionar ese problema.

Esos problemas se evidencian con ciertos acontecimientos políticos. Con el tema de la negociación con ETA ha sido muy evidente. Hace algo más de siete años este mismo periódico llevaba en su portada la noticia de que José María Aznar había abierto el diálogo con ETA. Por aquel entonces era Ministro del Interior Jaime Mayor Oreja, que no hizo ningún amago de abandonar un gobierno que estaba iniciando negociaciones con terroristas.

El ex presidente del gobierno se manifestaba el pasado sábado junto a miles de personas que rechazaban esa negociación. Como si de su cerebro se hubieran borrado aquellos días en los que su gobierno inició el mismo proceso negociador en el que se encuentra el presidente Zapatero. En todo caso, Aznar debería enfadarse porque el actual gobierno imite su política con el tema del terrorismo y la negociación con los nacionalismos vasco y catalán.

La derecha española tiene una memoria difusa y bastante complicada. El otro día un amigo me comentaba algo que tiene mucho que ver con esto. Decía que cuando se dice que ETA lleva tres años sin matar, ¿por qué no sale nadie del PP a decir que atentaron hace menos de dos años en Atocha? Y la verdad, es curioso que después de haber estado un año y medio tratando de convencernos de que el 11-M no fue responsabilidad del terrorismo islamista, tengan ese lapsus.

La manifestación del pasado 25 de febrero evidenció la operación política del Partido Popular con respecto a las víctimas. Cuando el gobierno popular inició los contactos con la banda terrorista ETA, a la que Aznar llegó a llamar Movimiento de Liberación, algunos sectores de las víctimas no sintieron la ofensa que muestran ahora. Es curioso que el mismo proceso cambie de tal modo su reacción dependiendo de las siglas políticas de quien reside en el Palacio de la Moncloa.

También pasa algo parecido con Mariano Rajoy. Con respecto a la actual política del gobierno no para de decir que Zapatero está rompiendo el espíritu de la transición. No se debe dar mucha cuenta de lo que habla. El espíritu de la transición tuvo uno de sus ejes fundamentales en la negociación con una banda armada que gobernó este país durante casi cuarenta años. Los torturadores, los asesinos, los que se apropiaron de bienes que no eran suyos, entraron en la democracia sin pasar por un banquillo. La sociedad española y las víctimas del franquismo pagaron un importante precio político para poder vivir en democracia.

Publicada el 1 de marzo de 2006

LA SONRISA DEL BANQUERO

Aleluya, aleluya; los cinco grandes bancos españoles han obtenido durante el año 2004 un 57% más de beneficios que en el ejercicio anterior. Me alegro de que personas tan necesitadas como los banqueros consigan tener más dinero, porque seguro que eso les pone contentos. Y en cualquier país que se precie es muy importante que se sientan alegres. En el mundo en el que nos ha tocado vivir hay pocas cosas más importantes que la sonrisa de un banquero.

Los banqueros son así, trabajan y trabajan para no tener números rojos en la cuenta y no parecerse al común de los mortales. Están obsesionados por ser diferentes y convertirse en personas especiales. Ellos prefieren llegar sobrados a fin de mes y no perder una décima de segundo buscando una oferta en un hipermercado.

Los que no somos banqueros somos de otra manera, con otras manías: pagar las cosas a plazos, y cuantos más mejor; negarnos caprichos que supondrían pequeñas alegrías o quedarnos en casa para no ir al cine y a cenar en un buen restaurante. Incluso hay manías peores. Por ejemplo, una que me ha llamado mucho la atención y que ha salido en un periódico. El sueldo medio español es el mismo hoy que el de 1997, si le descontamos la inflación. Lo dice un estudio de la Universidad de Navarra y el Instituto Nacional de Estadística, así que debe ser de fiar. Se trata de una nueva paradoja; mientras el planeta se calienta, los sueldos se congelan.

Es curioso que el sueldo medio pueda detenerse en el tiempo. Y mucho más curioso es que con un sueldo de hace nueve años paguemos precios de hace nueve horas. Sin duda es un arte, por no llamarlo un milagro. Tengo que añadir que la inflación en estos nueve años ha aumentado un 29 por ciento, casi nada. Por no hablar del precio de la vivienda que no hay calculadora que lo sume.

La economía de mercado, ayudada por el neoliberalismo, hace estas cosas. Le da más al que más tiene y menos al que más lo necesita. Hubo un tiempo en que algunos partidos políticos pedían que los beneficios de la banca fueran limitados, incluso que la banca fuera del Estado. Pero tras la caída del muro de Berlín cayeron muchas más cosas y los banqueros ganan más y pagan menos. Tiene fundaciones para desgravar, unas empresas un tanto especiales que se llaman SICAV y que son como paraísos fiscales pero sin tener que salir de España.

Hubo un tiempo que los que no son banqueros se unían y se manifestaban para defender sus derechos. Y cuando veían que los banqueros ganaban mucho dinero sentían que una parte de esos beneficios les pertenecía a ellos y a sus familias. Y entonces se peleaban con los banqueros y se negaban a que su sueldo se quedará congelado. Y querían repartir esos beneficios y pensar que eso permitiría que todos viviéramos un poco mejor. Y a veces lo conseguían. Pero algo ha pasado en el mundo para que los que no son banqueros se resignen a la congelación de sus sueldos y los que si lo son no tengan que preocuparse porque sus astronómicos beneficios puedan ser considerados una injusticia social.

Publicado el 22 de febrero de 2006

¡QUÉ QUIJOTESCO!

Tengo que escribir esta columna y aunque son muchas las ideas que se acumulan en mi cabeza mi obligación es seleccionarlas. A veces no es fácil tenerlas claras, pero si no la escribo entera, no se publica. Voy a probar con esta. Durante todo el año pasado he estado a punto de cogerle manía a Miguel de Cervantes. La Ministra de Cultura, Carmen Calvo, ha escondido las carencias de su programa político detrás de cientos de actos relacionados con el autor del Quijote y con la publicación de la primera parte del libro. Es triste vivir en un país donde todo es tan superficial y los debates que deberían llevarse a cabo con profundidad nunca llegan.

A menudo los escritores utilizan la ficción para escribir de la forma más realista que pueden. A veces los escritores reflejan en sus libros lo que la sociedad no quiere ver de sí misma, lo que no se atreve a reconocer. En un año de conmemoración del Quijote, deberíamos habernos planteado cuán quijotesca es nuestra forma de ver la vida, en lo positivo y en lo negativo.

Entre todos los personajes de la política ibérica hay uno que condensa algunas de las características del más famoso de nuestros Caballeros Andantes. Alguno puede sorprenderse pero me refiero a José María Aznar. Sus últimas declaraciones en las que ha dicho que se ofrece para combatir el populismo izquierdista de América Latina demuestran lo que digo; que detrás del ex presidente del gobierno hay un Caballero Andante, deseoso de deshacer entuertos.

Durante sus cuatro años de gobierno con mayoría absoluta demostró su afán por emular a Don Quijote y no sólo por tomar bajo su protección a un escudero como Mariano Rajoy. Su afán por defender a sus conciudadanos no tiene parangón. Por ejemplo, cuando nos anunció la existencia de armas de destrucción masiva en Irak y no las había. Qué mejor manera de ver gigantes donde sólo había molinos. Y una vez que se puso a ver monstruos no paró de verlos; con la gente que discrepaba políticamente de él, con los actores que se revelaron contra sus hazañas bélicas, con la forma en la que construyó una monstruosa mentira tras el atentado del 11 de marzo.

Prensaba que el tema del Quijote me iba a llegar hasta el final de la columna pero no se me ocurre más. Eso no quiere decir que no vaya a aprovechar el resto del espacio que me ofrece este periódico. Se me ocurre comentar la hoja parroquial del arzobispado de Valencia en la que se dice que las mujeres maltratadas son unas provocadoras. Un Catedrático de Teología, Gonzalo Gironés, ha escrito el citado panfleto. Por lo visto las mujeres que sufren agresiones físicas en el fondo se lo merecen.

Para la Iglesia católica española las mujeres siempre han sido unas provocadoras. Hace unos cientos de años las quemaban por llevar una vida liberal y durante el siglo veinte trataron de corregir esa desgracia de la especie llamada mujer. Desde que la provocadora de Eva consiguió que Adán mordiera la manzana, las mujeres han estado perseguidas; han sido brujas, adúlteras o nevenkas. Y por lo que parece todavía no han ganado el derecho a liberarse de tanta culpa. ¡Con la Iglesia hemos topado! Anda, otra vez Cervantes. Si es que este país es demasiado quijotesco. Y yo ya acabé.

Publicado el 15 de febrero de 2006

EL SÍNDROME DE DIÓGENES

Cada cierto tiempo aparece algún caso nuevo en los medios de comunicación. Una persona mayor, que generalmente vive sola y acumula en su casa toneladas de desperdicios. El resultado de tanto deshecho es a veces consecuencia de la retención de la propia basura; y en otros casos el de la recolección que esas personas llevan a cabo por las calles de su barrio.

La psiquiatría ha bautizado estos comportamientos con el nombre de “Síndrome de Diógenes”. Se ha utilizado la figura del filósofo griego que hizo de la austeridad uno de los principales valores de su forma de vida. Esa misma austeridad, o una relativamente similar, sostienen las personas que padecen el síndrome. Por eso en numerosas ocasiones se encuentran entre sus objetos personales cantidades de dinero apreciables, fruto de una economía de guerra y una vida enfocada a la acumulación y no al gasto.

Las razones por las que este tipo de personas acumulan objetos son múltiples. En la mayoría de los casos se diagnostican trastornos mentales que convergen en ese tipo de comportamientos. Son personas con patologías diferentes que manifiestan un mismo síntoma. A veces provocan a su alrededor una “locura compartida”, involucrando a alguno de sus familiares en el imparable proceso de acumulación y almacenamiento de cachivaches.

Cuando el síndrome es especialmente agudo puede considerarse infinito. Eso quiere decir que la acumulación de objetos no tiene fin dentro de los dominios residenciales del paciente. Se han dado casos en los que la persona que lo padecía dormía en la escalera de su edificio porque en el interior de su casa ya no cabía ni un alfiler.

La acumulación de esa clase de objetos no es el único síntoma del síndrome. A menudo, se trata de personas desaliñadas, que descuidan su higiene personal. En otros casos los sujetos habían alcanzado una cierta especialización, dentro del ejercicio de ese inútil coleccionismo. Los hay especializados en bombonas de butano vacías, en neveras, en sillas; como si en la repetición encontraran una cierta claridad dentro de sus confusos objetivos. Pero siempre sin que la inutilidad repercuta en su acumuladora rutina.

Pero la pasión por acumular cosas viejas no es patrimonio exclusivo de ese tipo de individuos. Existen grupos humanos que desde una cierta perspectiva podrían padecer el síndrome de Diógenes. Me refiero, por ejemplo, y no por casualidad, al Partido Popular. Mariano Rajoy y sus muchachos son incapaces de liberarse del lastre de otros tiempos.

En los últimos meses les hemos visto acumular rancio conservadurismo; la levedad con la que condenaron la declaraciones del Teniente General Mena, acerca de una intervención del ejército en Cataluña; su apoyo a los valores más caducos del catolicismo o su defensa del fiscal Fungairiño, al que tanto cariño le tiene la familia Pinochet, desde que el dictador chileno evitó ser juzgado y encarcelado por nuestra justicia. Toneladas de tradicionalismo que han llegado a nuestros días y que entorpecen nuestro camino hacia el progreso. Y en el fondo de tanto principio envejecido, José María Aznar, sonriendo al presente desde lo más profundo del siglo diecinueve.

Publicado el 8 de febrero de 2006

EL ESCÁNER

Las noticias acerca de nuevos inventos son unas de mis preferidas cuando leo el periódico. Me encanta conocer los avances de la tecnología. En especial, me gustan los que tienen que ver con la medicina, para algo soy aprensivo y me preocupo en exceso por los males del cuerpo.

Recientemente he conocido uno de esos inventos que me encantaría tener. Se trata de un escáner de última generación. En su manual de instrucciones dice que puede explorar órganos completos en un segundo. Sin duda es algo que ayudará a menguar las listas de espera sin necesidad de maquillarlas. En lo que dura un latido, la máquina fotografía en tres dimensiones el corazón, permitiendo un diagnóstico veloz.

Me gustaría conocer a alguien que tuviera ese escáner. Si me lo prestara podría cumplir uno de mis grandes sueños; escanear la realidad. Qué puede haber más hermoso que admirar en tres dimensiones lo que son verdaderamente las cosas. Sobretodo en un mundo en el que la mayoría de las personas son personajes y fingen lo que les conviene.

Si hubiera tenido esa máquina en mis manos la habría llevado a la Audiencia Nacional en el momento en el que decidió retener en Madrid los Papeles de Cataluña que habían pasado varias décadas secuestrados en Salamanca. Quizás en ese momento se hubieran fundido los plomos de la máquina porque el voltaje de esa decisión era de baja intensidad, de cuando sólo existían las bombillas de 125 voltios.

También me hubiera gustado escanear al Consejo General del Poder Judicial cuando, sin que nadie lo pidiera, emitió un informe contra el Estatut. Para interpretar ese diagnóstico es posible que hubiera necesitado ayuda del equipo arqueológico de Atapuerca. Siempre pensando en que igual que hay expertos en lenguas muertas los debe haber en ideologías en vías de extinción.

Y puestos a escanear más cosas me hubiera gustado llegar con mi máquina al Palacio de La Moncloa, el día de la reunión secreta del presidente Zapatero y Artur Mas. Debió ser una tarde maravillosa, fumando sin parar y celebrando el enfado que le esperaba a Carod Rovira. Igual hubiera detectado en el bolsillo de alguno de los dos negociadores la fecha del adelanto de las próximas elecciones catalanas. Sería perfecto para dar una primicia en esta humilde columna.

Si al prestarme el superescáner me hubieran dicho que sólo podía escanear una cosa tengo muy claro cuál habría elegido. A que lo adivinan. Me habría presentado con la máquina prodigiosa en la reunión en la que Rajoy, Acebes y Zaplana decidieron el texto de la pregunta para su referéndum callejero. Acebes queriendo chinchar a Piqué diciendo que había que meter la palabra Cataluña. Rajoy asegurando que le había prometido a Piqué que no nombraría el Estatut. Y Zaplana mirándose en el espejo para comprobar la calidad de su permanente bronceado.

Algún día tendremos junto a la televisión un escáner doméstico para ver la realidad y saber la verdad de lo que pasa. Eso no quiere decir que queramos verla. Lo más probable es que, como estamos acostumbrados a la ficción, sigamos prefiriendo el televisor.

Publicado el 1 de febrero de 2006

MARIANO EL ACTIVISTA

Es muy posible que los historiadores del futuro descubran algún día el secreto mejor guardado por Mariano Rajoy. Si eso ocurre, en un archivo histórico del Partido Popular, un investigador encontrará un pequeño certificado. Puede que al principio no le dé mucha importancia, cuando compruebe que se trata del título de un cursillo a distancia. Quizás aumente su interés cuando descubra el contenido de ese curso: Activismo Político. Y en el siguiente renglón podrá leer el nombre del que fuera líder de la derecha española a principios del siglo XXI. Si ese historiador del futuro realiza las correspondientes asociaciones de ideas podrá comprender con detalle lo que nos está ocurriendo en los últimos meses.

Mariano Rajoy se ha echado a la calle con las técnicas de movilización que durante décadas han sido patrimonio de los partidos y sindicatos de izquierdas. Llevamos varios meses viendo sus manifestaciones y concentraciones en las calles de distintas ciudades. Hasta hace poco tiempo la derecha arreglaba este tipo de asuntos en los despachos, con un guante blanco. Pero algo ha ocurrido para que hayan cambiado radicalmente sus técnicas de agitación y propaganda.

Rastrear las causas de ese evidente cambio es una tarea particularmente compleja. Una de ellas podría datar del 13 de marzo de 2004. Ese día, la víspera de las elecciones, miles de personas se manifestaron frente a las sedes del PP en muchas ciudades. Esas manifestaciones, en las que la gente pedía la verdad acerca de la autoría del atentado de Atocha, cambiaron el rumbo de las elecciones.

Tras la derrota electoral el Partido Popular analizó el escenario político en el que se encontraba. Y algún asesor, el mismísimo líder u otro ex líder en la sombra, decidieron aplicarse el viejo refrán de: “Quien a hierro muere a hierro mata”.

Desde eso momento los dirigentes y los militantes del PP han hecho un cursillo acelerado de movilizaciones callejeras. Han aprendido a hacer pancartas, a diseñar pegatinas combativas, a redactar lemas rimados para gritar y a convocarse unos a otros con bastante éxito de participación.

Así la derecha ha ido ocupando espacios y ritos políticos que no le pertenecían, aprendiendo a combatir con las armas contra las que había combatido. Dice un proverbio popular que a lo largo de la vida acabamos pareciéndonos a lo que odiamos. Ejemplos como éste pueden considerarse científicos.

Pero Mariano Rajoy es un líder que no se conforma. Ha obtenido un sobresaliente en movilizaciones ciudadanas, pero aspira a mucho más. Parece como si quisiera demostrarle a la izquierda que es capaz de mejorar el uso de sus herramientas. Y en ese afán por perfeccionarse ha anunciado que presentará una Iniciativa Legislativa Popular (ILP). Se trata de una propuesta al Parlamento para la que son necesarias 500.000 firmas. Con ello quiere convocar un referéndum acerca del Estatuto de Cataluña. Que tengan cuidado los empresarios que hasta ahora han confiado mucho en él. El activista Mariano cualquier día de estos convoca una huelga y le coge el gusto.

Publicado el 25 de enero de 2006