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OTRA MIRADA

¡QUÉ HERMOSA ES LA IGNORANCIA!

¡QUÉ HERMOSA ES LA IGNORANCIA!
La progresión de España en algunos indicadores sociales es sorprendente, y mucho más si los contrastamos a nivel internacional. Especialmente significativa es la diferencia que con respecto a otros países en algunas de sus condiciones de vida. La sociedad española ha conseguido el lugar que se merece en el panorama internacional. Y todo hace prever que si las tendencias económicas y políticas continúan como hasta ahora, seguirá siendo así.   
La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) presentó ayer en París su informe anual sobre educación. Hace doce meses que hablé de él, pero es que cuando he leído un resumen del mismo mi indignación se ha incrementado hasta límites que yo mismo desconocía. La parte del mismo d edi cada a nuestro país es para empezar a llorar y no parar de hacerlo hasta el fin del presente siglo.
Resulta que este país en el que escribo, que presume de ser la octava potencia económica mundial, que crece a un ritmo superior al de la m edi a europea, que multiplica el número de ciudadanos entre la lista de los más ricos del planeta, es uno de los “peor educados” de entre los 29 que forman parte del estudio de la OCDE.
Parece tremendamente desolador ver que somos uno de los países con el peor nivel de formación entre los jóvenes. Y no sirve de consuelo que las cifras macroeconómicas sean triunfales si lo que se está construyendo es un espejismo en el que la economía nos permite aparentar una formación de la que carecemos.
La cosa tiene sus razones. Algunas son históricas; venimos de un régimen dictatorial que tenía como principal objetivo educacional la formación del “espíritu nacional” y buscaba la producción y reproducción de adeptos y no la de potenciar los intelectos. Y como las cosas se heredan, pues en esas estamos todavía.
La inversión española en educación, el año pasado, fue del 4,7% del Producto Interior Bruto. La m edi a europea fue del 5,8. Aunque manejando esos porcentajes parece pequeño, lo que representan es que España invierte un 25% menos en educación. Hablamos de muchos millones de euros que deberían invertirse en mejorar las instalaciones, re-formar al profesorado y fomentar la integración para que todos los alumnos tengan oportunidades.
Si los políticos a los que les pagamos el sueldo se tomaran en serio su trabajo, se encerrarían inm edi atamente en el Congreso de los Diputados y no saldrían hasta encontrar una solución a ese gravísimo problema. Eso deberían hacer si fueran responsables, a no ser que prefieran ejercer sus funciones en un país con un bajísimo nivel de formación, para que los ciudadanos les controlen menos y no tengan un espíritu crítico “bien amueblado”.  
La mejor inversión que puede hacer un país es la educativa, porque permite a los ciudadanos ser más conscientes del mundo que les rodea y darles la posibilidad de realizarse, de estar más satisfechos con su vida y defenderse de los abusos. No ejercer esa prioridad es condenarnos a p edi r la vez y colocarse a la cola del futuro.
Publicado el 19 de septiembre de 2007
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