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OTRA MIRADA

UNA HISTORIA DE ESPÍAS

UNA HISTORIA DE ESPÍAS
El Gobierno va a tener que plantearse una subida de sueldo a los trabajadores del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Así no tendrán que pluriemplearse y trabajar espiando para otros países. Es lo que le debía ocurrir al doble agente que ha sido detenido por colaborar con el servicio secreto ruso, además del español. Después de llegar a casa, pasarse el día escondiendo micrófonos, falsificando documentos y abriendo correos electrónicos de sujetos sospechosos, debe ser muy duro que se acerque el fin de mes y ver que la cuenta corriente se acerca al cero.
Según el decreto que explica las funciones del CNI, este organismo tiene como principal objetivo porporcionarle al Gobierno información para prevenir y evitar riesgos que afecten a los intereses nacionales. Lo que no sabemos es cuáles son exactamente esos intereses por los que un agente del CNI se pone la gabardina y sigue durante días a un cuidadano o elabora un ifnorme. Y tampoco a qué geografía se refiere la palabra nacionales, ahora que el Estado español tiene varias.
Si mi jefe me hiciera trabajar horas extras sin pagarlas estaría bien que apareciera un espía y le explicara que si no cumple el Estatuto de los Trabajadores está atacando los intereses nacionales, a través de los míos, ya que soy uno de los más de cuarenta millones de personas que componen esta nación de naciones.
Se me ocurren montones de situaciones en las que me gustaría que interviniera un espía, como por ejemplo cuando un juez le quita a una mujer la custodia de sus hijos por ser lesbiana, aludiendo a que su descendencia corre el riesgo de que desarrollen la misma tendencia sexual.
Pero volviendo al espía que ha sido detenido; quizás el hombre lo único que quería era llegar a fin de mes y los rusos le ofrecieron un contrato a tiempo parcial, que aunque fuera en rublos venía bien para combatir la subida del euribor.
Los espías españoles son unos grandes desconocidos. Apenas sabemos de ellos cuando saltan a los medios de comunicación algunos escándalos políticos. Imagino que muchas veces me habré cruzado alguno de ellos. Mientras llevo a mi hija a un parque y de pronto suena mi teléfono móvil y un hombre desde un banco cercano me mira con aire despistado y lee la conversación en mis labios. Y cuando le miro disimula llamando a un niño que juega en el tobogan y que posiblemente no es su hijo y le sirve de tapadera.
En la página web del CNI hay un enlace para las ofertas de empleo. He entrado, porque también tengo a veces problemas para llegar a fin de mes. Pensé que los perfiles que buscarían serían: instaladores de micrófonos secretos, falsificadores de firmas o seguidores de personas. Pero la la búsqueda de personal del espionaje español es bastante aburrida: traductores, gestores, técnicos y un apartado que parece especialmente enigmático en el que dice: Inteligencia. Es la primera oferta de trabajo que veo en mi vida que busque trabajadores inteligentes y algo es algo.
Mientras escribo esta columna mi ordenador está conectado a Inernet y es posible que al haber tecleado las palabras como CNI o espía, un agente español o un doble agente extranjero haciendo horas extrás para nuestro servicio secreto, haya entrado a husmear en mi ordenador. Si hay alguna letra después del próximo punto, la ha escrito él.
Publicado el 25 de julio de 2007
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