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OTRA MIRADA

¿POLÍTICOS CON ÉTICA?

Hay novelas que dejan una huella importante y a veces es difícil saber por qué. Libros que no quieres terminar, porque has establecido una relación con sus personajes que deseas que permanezca en el tiempo. Otras te emocionan y en cierto modo te transforman y al terminarlas ya no eres la misma persona que la empezó a leer. Esa es una de las cosas buenas de la literatura, que la ficción se entremezcla con tu biografía real y puede cambiar el significado de cosas importantes.
 
A mí me han marcado muchos libros y últimamente me acuerdo especialmente de uno. Se titula “La insoportable levedad del ser” y lo escribió el autor checo, Milan Kundera, en el año 1984. Una de las cosas que me gustan de Kundera es que inicia algunas de sus novelas a partir de planteamientos filosóficos. Arranca con una discusión teórica que luego desemboca en la vida de sus personajes.
 
En el caso de “La insoportable….” la discusión me parece especialmente interesante. En la introducción a esa novela plantea el mito del eterno retorno, a partir de la teoría del Big ban, según la cual el universo surgió a raíz de una inmensa explosión. Según ese planteamiento, nuestra historia se repite de forma milimétrica. Cada una de las cosas que ocurren en el universo, van a repetirse infinitamente a lo largo de millones y millones de años.
 
Lo que hace Kundera es trasladar ese planteamiento al terreno de la ética y el comportamiento individual. Imaginemos que estamos viviendo la primera ocasión en la que ocurren las cosas. Por ejemplo, que yo estoy escribiendo por primera vez esta columna y luego se repetirá eternamente. Que usted la está leyendo por primera vez y que la seguirá leyendo millones de veces a lo largo y ancho del futuro.
 
Lo que Kundera quiere explicar es que si cada acto que hacemos, lo hacemos eternamente, tenemos una responsabilidad muy grande. Si es una injusticia se repetirá eternamente. Si es algo bueno también. Por el contrario, si no se repite para siempre y los actos desaparecen nada más hacerlos, el compromiso ético que eso requiere es mucho menor.
 
Así en la novela se cruzan los caminos de dos personas, un hombre y una mujer, que representan esos dos modelos, el de la levedad del ser y el de la eternidad del ser. Él, trata de disfrutar la vida, sin comprometerse, sin apenas responsabilizarse. Ella busca el compromiso y lo reclama. Lo exige como una forma de vivir, como algo necesario.
 
Esos dos modelos están dentro de cada uno de nosotros. En algunas personalidades predomina uno y en otras es otro. A veces somos más responsables y a veces más leves, más ligeros. Quizás esa es la fórmula, ejerciendo el lado más responsable en momentos importantes.
 
Eso me gustaría ver en la clase política. Que si un convoy del metro de Valencia se convierte en el Yakovlev subterráneo y mueren 42 personas que podían estar ahora vivas si se hubiera instalado un sistema de seguridad, alguien se responsabilice y dé un ejemplo de dignidad política que se repita infinitamente.
Publicado el 12 de julio de 2006
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