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OTRA MIRADA

NOSTALGIA DE LA TRANSICIÓN

José María Aznar tiene ganas de seguir dándonos lecciones y es de agradecer. Ejercer la docencia en la Universidad de Georgetown te marca para toda la vida. No me refiero a contar batallitas de ex presidentes. Simplemente, una persona que ha ocultado tantas cosas tiene mucho que enseñar.

Cuando uno ha gobernado un país con el concepto de que quien no está con él, está contra él, puede confundir lo diferente con lo contrario. Por eso en una de sus últimas declaraciones ha dicho que eso que engañosamente se llama la recuperación de la memoria histórica es justo lo contrario de lo que se hizo en la Transición.

La recuperación de la memoria histórica no es nada más que la aparición pública de la memoria de las víctimas del franquismo. Se trata de un hecho social complementario con el regreso de la democracia tras la muerte de Franco. Pero es algo que parece no agradarle al ex presidente del gobierno. Por lo visto, existen unas víctimas con derechos y otras que no los merecen. Hace tiempo que intuía que Aznar defiende a las víctimas dependiendo del interés político. Si se trata de un dictador como Sadam Husein, es urgente liberar al pueblo iraquí de sus temibles garras, juzgarlo y condenarlo. Pero si se de lo que hablamos es de Franco, entonces el discurso de las víctimas de su dictadura es engañoso. Y yo me preguntó por qué el ex presidente del gobierno tendrá tantas aptitudes para reconocer lo engañoso.

La memoria es a veces muy útil. Tras el atentado del 11 M, el gobierno del PP construyó una versión a su medida. A mí me vino a la memoria un acontecimiento pasado, pero que podía servir para explicar ese presente. Ocurrió el 3 de enero de 1944. Dos trenes chocaron en un túnel, en la localidad leonesa de Torre del Bierzo. Murieron en el accidente decenas de personas. Fue la mayor tragedia ferroviaria de Europa. Pero el gobierno de Franco, por una cuestión de imagen, prefirió ocultarlo. Enterró los cadáveres y la tragedia no fue portada en ningún medio de comunicación del país. Cuando el gobierno de Aznar, por “una cuestión de imagen”, diseñó a su medida la supuesta autoría del atentado de Atocha, yo recordé aquel accidente de tren y pensé que había algo que unía aquellos dos acontecimientos; una cultura política donde los intereses están por encima de todo.

La transición tuvo cosas positivas, pero eso no significa que hayamos alcanzado el mejor de los mundos posibles. Me admira el deseo del Partido Popular de tomar enseñanzas de ella. Sus logros pueden sernos útiles para infinidad de cuestiones. También sus defectos. Perdonó a personas que deberían haber asumido responsabilidades ante la justicia y nunca lo han hecho. Quizás ese es el espíritu que Aznar reivindica, el de la impunidad. El mismo que ha permitido iniciar una guerra en un Irak sin armas de destrucción masiva. El mismo que hace que las mentiras que se escucharon entre el 11 y el 14 M no hayan tenido consecuencias penales. Ya me parecía a mí.

Publicado el 30 de noviembre de 2005
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