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OTRA MIRADA

¿LA IGLESIA DE LOS POBRES?

¿LA IGLESIA DE LOS POBRES?
Aunque no soy creyente, siempre he seguido con atención los acontecimientos relacionados con la iglesia católica. Se trata del mismo interés que me lleva a preocuparme por otros grupos de poder; instituciones determinantes para la vida de los ciudadanos de un país. La iglesia católica ha sido un elemento de poder político de primer orden, y lo sigue siendo, lo que dice mucho y poco de nuestra modernidad democrática.
Hace dos décadas que se extendió, especialmente en América Latina, la teología de la liberación. Se trataba de una corriente cristi ana que asumía el deber de trabajar con, por y para los más necesitados. Su labor se convirtió en un movimiento social que cuestionaba las relaciones del poder político y económico, en las que siempre perdían los mismos. Juan Pablo II reaccionó inm edi atamente para mitigar lo que consideraba una revolución en el seno de la iglesia. Y desde Estados Unidos se adentraron en el sur del continente movimientos evangelistas bien financiados con el objetivo de que los creyentes no cuestionaran ese orden establecido.
Desde hace años he leído cosas acerca de Enrique de Castro, un sacerdote que ha d edi cado su vida a los desheredados. He escuchado hablar de él cuando la periferia de Madrid asistía atónita a un peregrinar de heroinómanos que construían la casta más desasistida y habitante de la miseria de nuestra sociedad.
De Castro organizó servicios para los heroinómanos, para erradicar su ausencia de calidad de vida, para darles una oportunidad de romper el círculo de hierro de la miseria. Desde la Coordinadora de Barrios de Madrid hace muchos años que fue pionero en la creación de centros de restauración de muebles con los que dar una oportunidad laboral a esos olvidados. También estuvo al lado de los insumisos en su lucha contra el servicio militar obligatorio.
Ahora, el arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, ha ordenado el cierre de la parroquia en la que el sacerdote de Castro desarrollaba su labor solidaria. Se trata de un lugar de encuentro para diferentes colectivos marginales: inmigrantes, madres de toxicómanos que no encuentran amparo en las instituciones,…
De nuevo la jerarquía de la Iglesia se aleja de los más necesitados y limita su labor, más preocupada en la defensa de una ideología conservadora y de sus relaciones de poder que en la búsqueda de una vida mejor para quienes padecen las dentelladas de la miseria y necesitan ayuda terrenal.
En los últimos meses la iglesia católica ha iniciado una persecución de los sectores más cercanos a la Teología de la Liberación , aquella que afirma, entre otras cosas, que el lugar donde debe estar un religioso es al lado de los pobres. Pero ese discurso no cala en Rouco Varela, responsable de una sociedad de la Conferencia Episcopal encargada de invertir en bolsa y obtener pingues beneficios que les permitan mantener su estatus. Los jerarcas católicos deberían plantearse cuál debe ser su lugar en el mundo y qué tienen que hacer para representar a un hombre que, de haber existido, vivió para ayudar a los más débiles. Amén.
Publicado el 4 de abril de 2007
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