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OTRA MIRADA

LA INCÓGNITA BONO

Unos me llamarán paranoico, otros escéptico, pero para mí la dimisión del Ministro de Defensa, José Bono, ha estado sembrada de incógnitas. De muchas incógnitas si tenemos en cuenta que el día anterior al anuncio Zapatero no asistió a la cena de gala que los Reyes ofrecían al secretario general de la ONU, Kofi Annan.

Si atendemos a las declaraciones de Bono, no parece del todo coherente que su carrera política termine por su imposibilidad de conciliar su vida familiar con su vida laboral. Quizás algún día sepamos cuál ha sido realmente el detonante de su abandono del ministerio. Cuesta entender que un hombre tan amante de la atención pública haya decidido salirse de la foto por algunas divergencias con la línea política del presidente Zapatero. Hay tres momentos en la historia reciente en los que he oído hablar de la familia de Bono. Uno de ellos fue hace unos tres años, cuando posó con una hija que había adoptado en las grandes revistas del corazón. Recuerdo que escuché la noticia por la radio y me pareció toda una operación de imagen. El entonces presidente de Castilla-La Mancha había adoptado una niña y quería contárselo al mundo. Personalmente prefiero a las personas que realizan las adopciones con discreción. La segunda vez que oí hablar de sus hijos fue cuando se autoconcedió una medalla, pocas semanas después de llegar al Gobierno. Ante las abundantes críticas decidió devolverla porque uno de sus hijos estaba triste después de ver o saber que se habían burlado de su padre en el programa Crónicas Marcianas. Y la tercera ha sido ahora, como si de nuevo se parapetase tras su familia para justificar su decisión.

Bono ha sido en muchas cosas un ministro vedette desde su toma de posesión, en el Ministerio de Defensa, acompañado por un ejército de oficiales de la farándula patria. Recuerdo su aterrizaje en helicóptero en el césped del Santiago Bernabéu, cuando se produjo el accidente de los Cougar en Afganistán. Bono se ha alimentado de flashes durante muchos años y cuesta creer que alguien tan “fotómano” se desenganche de la noche a la mañana.

Su marcha del ministerio supone un gran cambio de imagen del Gobierno. Bono era el anzuelo perfecto para pelear en el espacio ocupado por esos electores que son potenciales votantes del PP o del PSOE y ha sido, durante sus años de presidente autonómico, uno de esos políticos del PSOE que obtenían numerosos votos de la derecha. Algo así como el ex alcalde de A Coruña, Francisco Vázquez, con quien compartía su pasión vaticana y la exhibición de sus creencias religiosas.

La decisión de Zapatero de no incluir otro Bono en el Gobierno puede querer decir que se siente con fuerzas suficientes como para eliminar ese dique de contención de votos de centro y derecha que era el político castellano manchego. Se trata sin duda de una apuesta por un gobierno más progresista, sin voces discordantes hacia su política autonómica o la negociación con ETA, bendecida por el Papa, la semana pasada, poco después de la visita al Vaticano de la vicepresidenta del gobierno, María Teresa Fernández de la Vega.

La política tiene muchas lecturas y a menudo hay borrones que impiden interpretarla entre líneas. La marcha de Bono del gobierno está sembrada de incógnitas y quizás en algún tiempo sepamos hasta qué punto se fue o le invitaron a cambiar de aires.

Publicado el 12 de abril de 2006
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