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OTRA MIRADA

LA INDISOLUBILIDAD DE LA NACIÓN

La Conferencia Episcopal española vuelve a la carga.  Y en estos días está debatiendo estos días la posibilidad de hacer público un documento acerca de sus preocupaciones y posibles soliciones sobre la unidad de España. Y eso sin que haya muestras palpables de que la península ibérica se esté resquebrajando. Lo que más o menos quiere decir que se trata de un acto de fe, aunque un acto que tiene bastante que ver con lo terrenal.
No deja de sorprenderme que los obispos y arzobispos se preocupen tanto por algo que no parece que tenga mucho que ver con el rescate de las almas. Y eso que a ellos los estatutos no parecen afectarles especialmente y menos en zonas como Cataluña, donde la enseñanza religiosa es una de las más subvencionadas de esta nación de naciones que llamamos España.
Como en las Sagradas Escrituras no se hace mención a España, ni a su unidad, tiendo a pensar que el motivo por el que la iglesia católica entra en asuntos políticos es para resolver sus intereses económicos. Precisamente en estás últimas semanas se está negociando, renegociando, la aportación que el Estado entrega cada año. Mientras eso ocurre, los funcionarios y los impresos de la Agencia Tributaria pasan el cepillo, en millones de declaraciones de hacienda, sin que la Iglesia tenga que moverse del sillón. Cada vez que un contribuyente marca el porcentaje de sus impuestos para la Iglesia; los obispos y arzobispos, preocupados por la unidad de España, están haciendo caja sin mover una pestaña y no se quejan de que el Estado se meta en sus asuntos.
Tampoco es mal momento hacerlo ahora, no sólo para presionar sobre la negociación, sino porque en pocas semanas aterrizará en nuestro suelo Benedicto XVI y unas declaraciones suyas acerca del problema territorial, aunque sea de refilón, pueden ser de gran ayuda para sostener sus privilegios, que incluyen entre otros la exención de impuestos como el IVA o el Impuesto de Bienes e Inmuebles, que pagan todos los hijos de vecino de este país a excepción de la iglesia, que posee en España miles de edificios por los que no abona el IBI a ningún recaudador municipal. Sinceramente, el porqué la Iglesia católica no paga esos impuestos parece mucho más interesante como tema de debate que la opinión que puedan tener acerca de la unidad de España.
Otra cosa bien triste es la identificación de la iglesia con las ideas más conservadoras, como si el discurso evangélico hiciera distingos entre los hijos de Dios, dependiendo del partido al que voten o a si se hayan abstenido o votado si o no en el referéndum de Cataluña.
Mientras los obispos y arzobispos católicos ibéricos de sotana negra discuten acerca del sexo de las naciones, en Estados Unidos, la Iglesia Anglicana ha nombrado a una mujer al frente de su organización. Se trata, por supuesto, de una iglesia que está mucho más situada en el presente que los altos cargos católicos españoles, preocupados por la vigencia, más de quinientos años después, del ideario de Isabel y Fernando, los reyes del tanto monta, monta tanto.
La iglesia siempre ha sido muy astuta a la hora de evitarnos a los hijos de Dios los distintos caminos de la perdición. Quizás la sucesiva aprobación de Estatutos de autonomía sea una operación orquestada con el diablo. Esperemos a ver si los obispos encuentran una solución para esto que llaman España. Entre otras cosas para saber qué es realmente. Algo que quizás sólo consiga verse con los ojos de Dios.

Publicado el 21 de junio de 2006

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