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OTRA MIRADA

DECIR ADIÓS


En recuerdo de Palma Granados

Estaba sentado, leyendo en un jardín, bajo las ramas de un frondoso castaño y apareció ella.
-Buenas tardes -le dijo.
-Buenas- contestó sin levantar la mirada.
-Parece que no sabes quién soy -dijo ella.

Colocó un dedo a modo de marcapáginas y levantó la mirada. Al reconocerla sintió un estremecimiento, cerró el libro y lo dejó en un extremo del banco.
-¿Eres mi Vida? -le dijo él.
-Exacto -respondió ella.-

Y ha llegado el momento.Él sintió un nudo en la garganta, una angustia infinita que recorrió su cuerpo.

-Ha llegado la hora de que lo hagas -dijo ella.

Él se la quedó mirando con un gesto dibujado por la tristeza; sus ojos comprimidos, su respiración agitada, sus latidos desbocados, galopando a lomos de la desesperación.

-¿Ya no podré dormir nunca más a su lado, ser feliz simplemente por tenerla cerca, despertarme por la noche y sentir que está ahí, conmigo, que no ha elegido otro lugar en el mundo para hilvanar sus sueños, otro lugar a más de un milímetro de mí?

Su Vida asintió pero él continuó hablando, como si tratara de alejar ese momento.

-¿Ya no podré abrazarla y cerrar los ojos mientras siento que su cuerpo y el mío forman parte del mismo talló del amor, y besarla en el cuello, y sentir sus manos en mi espalda, como dos estrellas que se hubieran posado en un rincón del cielo?

Su Vida asintió de nuevo y él continuó hablando, sentado en el banco.

-¿Eso quiere decir que nunca más podré mirarla y sentirme invadido de felicidad mientras sus ojos me miran con destellos, mientras su mano se posa en mi pierna y la acaricia; o que me diga que me quiere mucho, que nunca ha tenido tanta suerte como el día en que el destino me puso en su camino?

Su Vida asintió de nuevo, pero esta vez se levantó inquieta, mientras él trataba de no moverse de donde estaba sentado y continuaba hablando:

-¿Ya no podré besarla, navegar por su boca, y sentir que no importa el mundo, que el universo se reduce a la sensación placentera de sentir que juntos somos uno?

Su Vida asintió y le cogió por el brazo, para hacer que se levantara de una vez. Él se levantó, pero antes de dar un solo paso volvió a preguntar.

-¿Nunca más podré dedicar mi existencia a hacerla feliz, a decirle que es el ser humano más hermoso que he encontrado en mi vida, que su fragilidad y su sensibilidad me hacen quererla todavía más, que su forma de luchar por la vida es la causa más grande que podré encontrar a la que dedicar mi tiempo, mis sueños y mis anhelos?

Su Vida asintió, pero esa vez le cogió del brazo y le hizo ponerse a caminar. Él, como si no quisiera ver lo que estaba pasando, como si no quisiera aceptar lo que le esperaba, lo que se le precipitaba, siguió hablando, ajeno a la realidad.

-¿Y nunca más podré mirar sus manos, observarla en silencio, sentir que con su sola cercanía la felicidad florece en mí, me llena de vitales emociones. Ya no podré mirarla a los ojos y decirle que la quiero, que la vida sin ella para mí no será vida?

Su Vida, enojada, le dijo:

-No te hagas más preguntas. Ella ya no está. Sólo tienes que decirle adiós y empezar de nuevo.

Publicado el 22 de marzo de 2006

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